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El pueblo de los suicidas

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Jesús Ferrer. 

Tiempo de lectura 2 min.

23 de noviembre de 2017. 21:52h

Comentada
Jesús Ferrer.  23/11/2017
El pueblo de los suicidas
  • Título:

    «Paraíso alto»

  • Autor:

    Julio José Ordovás

  • Editorial:

    Anagrama

  • Nº de páginas:

    131 Páginas

  • Precio:

    16,9 euros

La potente vigencia de la novela como incombustible género literario radica, en buena parte, en su mutante capacidad para recrear originales ambientes narrativos, sorprendentes planteamientos argumentales y atípicos personajes simbólicos. El conjunto de todo ello nos acerca a un realismo fantástico, extemporáneo y desubicado, sin definidos límites físicos, que transcurre en un «no-lugar», en el limbo metafórico de una extraña quimera ideal. Es el «no-mundo» de una literatura como la de Carlos Castaneda,...

La potente vigencia de la novela como incombustible género literario radica, en buena parte, en su mutante capacidad para recrear originales ambientes narrativos, sorprendentes planteamientos argumentales y atípicos personajes simbólicos. El conjunto de todo ello nos acerca a un realismo fantástico, extemporáneo y desubicado, sin definidos límites físicos, que transcurre en un «no-lugar», en el limbo metafórico de una extraña quimera ideal. Es el «no-mundo» de una literatura como la de Carlos Castaneda, Juan Rulfo, Juan Eduardo Cirlot y Javier Tomeo.

En esta línea expresiva, Julio José Ordovás (Zaragoza, 1976), quien ya sorprendiera con una deslumbrante primera novela, «El anticuerpo», relato de un desnortado aprendizaje vital, publica ahora «Paraíso alto», una singular fábula alegórica de insospechada deriva existencial. El espectral pueblo que da título al libro acoge a suicidas de todo tipo, recibidos por un fantasmagórico ángel enterrador que no distingue entre vivos y muertos, entre realidad y ficción, entre razón y locura. Desfilan por este ilusorio imaginario extravagantes personajes conformando un delirante friso de estrafalarias identidades: un discursivo camarero de bigote nietzscheano, un vendedor de libros con aspecto de detective peliculero, una díscola vampira, un atribulado flautista, unas gemelas en silla de ruedas o un barrendero bailando con su escoba. Estos seres habitan un paraje de desolada metafísica e intemporal condición: «En Paraíso alto las horas no hieren. El viento silba siempre la misma canción y el cielo no ofrece consuelo».

Absurdo surreal

El tono del relato oscila entre lo absurdo y lo surreal, con un toque humorístico que no obvia una fúnebre meditación sobre la vida humana. Y no falta un extraño lirismo, inquietante y perturbador, que dota a la historia de una enrarecida atmósfera poética y al tiempo sutil. El diario que puntualmente escribe el alcalde de esta aldea sirve de hilo conductor y referencia documental a una trama que se adentra en el misterio de la felicidad, el azaroso destino y las rémoras del pasado. Una novela, en suma, que resulta diferente, sugestiva, original y sorprendente.

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