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Nadal sufre contra Goffin y se retira del Masters

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Tiempo de lectura 4 min.

14 de noviembre de 2017. 01:03h

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Francisco Martínez 13/11/2017

Toni Nadal sufría, en su último torneo en la grada, viendo el partido de su sobrino y pupilo. El entrenador y tío, que a partir del próximo año se centrará en la academia y dejará el día a día con Rafa, poco dado a la nostalgia, ha dicho muchas veces que Rafa es posiblemente el jugador que más duelos ha ganado jugando mal. Es un piropo, no una crítica. Cuando no se tiene el día, porque la cabeza está pendiente de la rodilla dolorida o porque la pista es la que más te incomoda, hay que saber competir. Y el zurdo nacido en Manacor estuvo cerca de volver a hacerlo. Para ser honestos, esta vez con la colaboración de Goffin, un rival que moría de miedo cuando tenía a su rival acorralado, pero que acabó ganando casi porque no le quedaba otro remedio (7-6 [7/5], 6-7 [4/7] y 6-4). El Masters es el único torneo que da la posibilidad de seguir vivo pese a perder, pues la primera fase es una liguilla, pero no será así para el balear. «Mi temporada ha acabado», dijo, para anunciar que se retira hasta el año que viene. La rodilla derecha, recargada en este final de curso por la eterna tendinitis, no está en condiciones de aguantar una semana luchando contra los mejores. Pese a todo, 2017 ha sido un año increíble para el tenista manacorense.

A Nadal se le nota en la cara cuando no está bien. Los gestos lo delatan y ayer el partido lo tuvo más de una vez imposible. En el primer set remontó en dos ocasiones una desventaja de una ruptura, pero acabó cediendo en el «tie break». Goffin dejó algunos buenos golpes con su revés, pero en los momentos importantes la presión le pudo. Se deshacía. Falló la primera vez que pudo cerrar ese primer set y de nuevo le pasó lo mismo cuando en el segundo parcial tuvo la posibilidad de acabar con el partido. Una derecha a la red, la enésima doble falta (terminó con siete) y vuelta a empezar. Pero Nadal ni se inmutaba. No sacaba el puño como otras veces cuando ha recuperado situaciones así. El set siguió y Goffin se vio con 30-40 y 5-4. Su primer punto de partido... Falló. Después, con 0-40 y 6-5, tres posibilidades para lograr vencer al número uno... Las desaprovechó todas, y ahí Rafa sí hizo pública su alegría con el brazo en alto por primera vez. Después de un encuentro en el que estuvo lejos de su mejor versión, seguía ahí. Tras un encuentro en el que nunca se le vio cómodo, moviéndose mal por la pista, lo que implica llegar tarde y golpear peor a la bola; y en el que no ajustaba los tiros, ahí estaba. Su derecha empezó descompensada por intentar ser agresivo y las pelotas se le iban largas, lo que le crea inseguridades y le hace pasar al otro extremo: jugar demasiado corto y a merced de su contrario. Pero después de todo eso, el encuentro estaba que ardía, y en el desempate del segundo set se vio al español en su mejor momento de la noche. Su derecha corrió, sus piernas también para hacer algún «passing» increíble y el duelo estaba empatado del todo. Increíble, pero cierto. Sólo el balear es capaz de alargar una jornada así.

Pero la realidad esta vez pudo más que las ganas. Nadal, en los desplazamientos, parecía arrastrar la pierna. Sólo con pundonor no le dio, pese a la insistencia en perder de Goffin, que de nuevo se puso nervioso cuando mandaba 4-1 en la manga definitiva. Rafa llevó el partido al 5-4, pero el belga, esta vez, sacó bien y venció. Resopló tras conseguirlo. Rafa saludó al público y se marchó hasta el año que viene.

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