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Una nueva forma de afrontar el alzhéimer

La proteína que se creía responsable de esta enfermedad podría ser parte de su cura

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Jorge Alcalde. 

Tiempo de lectura 4 min.

17 de noviembre de 2016. 23:27h

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Uno de los santos griales en la lucha contra el alzhéimer, de esas ideas establecidas que parecen inamovibles, es la relación entre dos proteínas y la aparición de la enfermedad. Se sabe a ciencia cierta que esta forma extendida de demencia se caracteriza neuropatológicamente por la acumulación de placas extracelulares de proteína ß-amiloide y de ovillos fibrilares de proteína Tau. Estas dos moléculas, que todos llevamos en nuestro organismo, se descontrolan por razones aún no bien comprendidas y generan el daño irreparable a las neuronas. La idea parecía indiscutible. Hasta ahora. Porque un nuevo descubrimiento publicado ayer en la revista «Science» abre la vía para una explicación alternativa de la implicación de la proteína Tau en el proceso. No echa por tierra lo conocido hasta ahora pero añade una interesante y asombrosa novedad: la Tau, bajo determinadas circunstancias, podría inhibir el progreso de la enfermedad, en lugar de propiciarlo.

Investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur y del Instituto de Investigaciones en Neurociencia de Australia, han estudiado diferentes modelos de tejido cerebral para descubrir una sustancia (la cinasa p38y) que se pierde durante el desarrollo del alzhéimer. Tras introducir suficientes cantidades de esta cinasa en el cerebro de ratones han logrado detener el progreso de los síntomas más evidentes, como la pérdida de memoria.

El hallazgo ha puesto de manifiesto que uno de los pasos clave en la formación de las placas de ß-amiloide y los ovillos de Tau que deterioran el cerebro había sido obviado hasta ahora. Anteriormente, los científicos pensaban que la formación de placas de amiloide causaban un fenómeno llamado fosforilación en la proteína Tau que, a su vez, conducía a la muerte de las neuronas. El aumento de la fosforilazión de esa proteína provocaba que se acumulara en forma de ovillos que impedían el correcto funcionamiento neuronal: como si una pequeña tubería de la lavadora se llenara de ovillos de suciedad y cal.

Pero la nueva investigación sugiere que, en realidad, la fosforilación de Tau, en un primer momento, puede ser beneficiosa, protege las neuronas y sólo se vuelve perniciosa cuando interactúa con un exceso de placas amiloides. Siguiendo con el ejemplo simplón de la lavadora, sería como si la cal en un principio fuese buena para el funcionamiento del aparato y sólo al unirse a las placas de detergente acumulado se volviera corrosiva.

«Sin duda, la ß-amiloide induce la toxicidad de la proteína Tau, pero en los primeros pasos de su acumulación en realidad inhibe esa toxicidad», declara el responsable principal de la investigación, Lars Ittner. Eso supone un cambio radical de la perspectiva con la que se afronta el mal: ahora hay que entender que la razón por la que su produce la fosforlización de la proteína Tau es, realmente, proteger a las neuronas, no atacarlas.

El estudio empleó diferentes modelos en ratones y muestras de tejido cerebral humano. En ellos se halló que la cinasa p38y activa la fosforilación de Tau en su fase protectora y que, por lo tanto, sirve para compensar la toxicidad de las placas de amiloide. En realidad, los científicos pretendían descubrir cómo esta cinasa participaba en el desarrollo de la enfermedad (que es lo que hasta ahora parecía lógico). La sorpresa llegó al descubrir que en una primera fase la relación cinasa-Tau es protectora.

De hecho, al estudiar los tejidos humanos se descubrió que el cerebro afectado por la enfermedad ha perdido la cinasa p38y. Esta sustancia, por lo tanto, inicialmente protege a las neuronas, pero se va diluyendo en cuanto la enfermedad empieza a dar sus primeros pasos. Por eso, al reintroducirla en el cerebro de ratones enfermos, éstos mejoraron.

El hallazgo es importantísimo porque abre una nueva vía inesperada de investigación clínica. Quizá sea posible estudiar esa sustancia y su relación con la proteína Tau para patentar fármacos de una generación diferente a los que ya se están investigando en otras direcciones.

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