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El paso del tiempo es inevitable. Fruto de ello surgen aspectos positivos, como la evolución en campos clave como la ciencia o la medicina, pero también hay aspectos que muestran la cara menos afable del correr de los días. Uno de ellos es la soledad no deseada, que afecta a un importante grupo de población, al alza entre jóvenes y en el ámbito rural, pero que golpea especialmente a las personas mayores.
Conforme pasan los años, se puede perder agilidad y capacidad de movimiento, algo que en el caso de las personas que viven solas es más preocupante. De cara a que todas sus necesidades estén cubiertas, las investigaciones en robótica buscan ofrecer una alternativa que sirva de apoyo a personas de avanzada edad de cara a cubrir sus necesidades básicas en el hogar.
Para ello, investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) han trabajado en una línea de aprendizaje para robots que consiste en centrar la atención de los humanoides en aquello que observan para replicar movimientos y a partir de ahí mejorar la comunicación con sus extremidades, una de las partes más complejas de ejecutar para la robótica por el diseño y morfología de los brazos humanos.
La idea del estudio, llevado a cabo en la institución pública madrileña, es lograr un camino de aprendizaje que permita a los robots efectuar movimientos de manera más natural en entornos domésticos a partir de la sencillez de los gestos cotidianos: limpiar la cocina, planchar o poner y recoger la mesa.
Como hemos comentado, la coordinación de los brazos es uno de los grandes obstáculos a los que se enfrenta la robótica. En el caso de los investigadores de la UC3M es ahí donde han hecho hincapié para que su robot ADAM (Manipulador Autónomo Doméstico Ambidextro) pueda acometer tareas cotidianas del hogar superando esa barrera.
En lugar de apostar por un aprendizaje basado en programación y líneas de código, el equipo investigador de la Universidad Carlos III de Madrid ha optado por la observación y la imitación para dotar a su robot de unas capacidades que le permitan desde acercar un vaso de agua o llevar una medicina a ayudar portando un abrigo o cualquier otra prenda.
Ese enfoque muestra que la iniciativa tiene ese trasfondo social que tanto se necesita y que apuntó en su puesta de largo Ramón Barber, catedrático del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la UC3M y director de Mobile Robots Group: “Todos conocemos personas para las que gestos tan simples como que alguien les acerque un vaso de agua con una pastilla o les ponga la mesa suponen una ayuda muy importante. Ese es el objetivo principal de nuestro robot”.
El robot ADAM basa su comportamiento en tres fases: percepción, razonamiento y acción y la idea es que sea capaz de ir más allá de ver los objetos y sea capaz de comprender su uso y el contexto del usuario. La imitación supone un camino más intuitivo de aprendizaje y es del que los investigadores esperan servirse para mejorar más rápido las condiciones de ADAM.
Para ello, una persona de carne y hueso será protagonista de una grabación en la que se la vea llevando a cabo esos gestos rutinarios y cotidianos, tales como coger un vaso, quitar un plato de encima de la mesa o colocar algo en una repisa para que sea la “lección” para el robot.
Pero no como un gesto a repetir, sino que exista la capacidad de adaptarse a pequeñas modificaciones del entorno y a comprender el movimiento en sí, como indican los propios investigadores. Esto es lo que el equipo tras ADAM ha bautizado como “goma elástica”, una idea que consiste en respetar la idea del movimiento, pero adaptando el gesto a las pequeñas variaciones que se pueden producir en cuanto a posición o distancia.
En la actualidad ADAM es una plataforma experimental con un precio que oscila entre los 80.000 y los 100.000 euros y la esperanza, con una tecnología tan madura como la actual, es que en un plazo de diez a quince años pueda formar parte de un importante número de hogares con un coste sensiblemente inferior.