China

Mientras todos miran a las IAs gigantes, China cambia de estrategia: la necesidad de encontrar un equilibrio entre bienestar social y automatización en empresas pequeñas manda

Las empresas chinas de tamaño más modesto están en una encrucijada en la que la evolución tecnológica choca con la inversión requerida y la estabilidad del empleo

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Las pequeñas y medianas empresas chinas buscan el equilibrio entre automatización, inversión y empleo

La tendencia general lleva a pensar que la automatización de procesos gracias a la robótica y la inteligencia artificial es una cuestión de grandes corporaciones y de firmas con instalaciones de gran tamaño y con diversos procesos cuya gestión pueda dejarse en manos de las máquinas.

En parte es cierto dado que, para llevar a cabo dicha implementación, se requiere de un musculo financiero que, en el caso de las compañías más grandes de la industria manufacturera, es mayor que el de exponentes menores y empresas más reducidas en cuanto a volumen de empleo y producción o de menor facturación. 

Esa mayor fortaleza financiera, sin embargo, tiene otra lectura adicional: valerse de la automatización y amortizar esa inversión con despidos, dada la mano de obra de la que se puede prescindir al mecanizar dichos procesos.

Se trata de un temor que se encuentra a la orden del día y que puede llegar a afectar tanto a firmas importantes como a las más modestas, quienes también aspiran a contar con la inteligencia artificial en sus procesos, aunque sea a menor escala.

La automatización no es solo cosa de grandes empresas

Para ello en China ya se mira tanto en grandes como en pequeñas empresas a la adopción de robots e inteligencia artificial como un requisito fundamental para mantener su posición de privilegio como líder de la industria manufacturera mundial. Si existe una tecnología que puede cambiar el paradigma productivo, China no quiere ser el segundo país en adoptarla, sino el primero, tal como recogen diversos ejemplos publicados en Tech Xplore.

Para empresas como Xiaomi puede resultar más sencillo afrontar dicho proceso de automatización y robotización, pero son precisamente las múltiples empresas modestas las que buscan ponerse al día con todo lo relativo a la automatización, que por supuesto difiere según el tipo de industria al que se dedique cada compañía.

Los desafíos que deben afrontar las empresas más modestas tienen que ver con esa inversión requerida para adoptar las nuevas tecnologías que se pueden adaptar a la cadena de producción, así como su implantación técnica. A mayores, encontrar el equilibrio entre sostener la fuerza de empleo humana y el trabajo automatizado es una preocupación latente también en el país asiático.

El hecho de que China lidere esa revolución tecnológica y la transformación industrial a través de la automatización es una exigencia para las compañías pequeñas, quienes no se quieren quedar atrás. Para muchas de ellas, el camino hacia la automatización total es costoso y complejo, lo que genera una “brecha digital” entre grandes y pequeñas empresas.

Pese a los riesgos apuntados por expertos acerca de la destrucción de empleo, los responsables empresariales defienden que la labor humana en esos proyectos industriales más modestos resulta imprescindible para muchas funciones, en especial aquellas en las que entra en juego la toma de decisiones o habilidades especializadas y complejas de trasladar a elementos tecnológicos automatizados.

En esa línea, compañías como Neolix, dedicada a la fabricación de vehículos sin conductor para el transporte de paquetería por las ciudades chinas, abogan por la necesidad de mantener a los empleados tradicionales, que se ven beneficiados de la automatización de ciertos procesos: “La automatización sirve principalmente para ayudar a los humanos, reduciendo la intensidad del trabajo en lugar de reemplazarlos”, comentaba Liu Jingyao, gerente de Neolix.

Se trata de una situación en la que se debe encontrar el equilibrio más justo entre tecnología, economía y sociedad. Avanzar parece siempre positivo, pero hay que hacerlo desde un punto de vista sostenible y en el que el perjuicio no sea mayor que el beneficio.