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No es solo agua: los rayos cósmicos podrían ser el 'combustible' secreto para la vida muy cerca de la Tierra

Una investigación reciente sugiere que los rayos cósmicos galácticos podrían sustentar vida microbiana en el subsuelo de Marte o Encélado mediante la radiólisis, un proceso capaz de transformar la radiación en combustible biológico que redefine los límites de la habitabilidad

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Las cuatro rayas del tigre, en el polo sur de Encélado

La búsqueda de vida extraterrestre podría estar a punto de experimentar una revolución conceptual absoluta. Tradicionalmente, la ciencia ha mirado hacia las estrellas esperando encontrar planetas en la zona de habitabilidad, donde el calor solar permite el agua líquida. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que los rayos cósmicos galácticos podrían ser el sustento de nuevas formas de vida.

En este sentido, el proceso clave que barajan los expertos se denomina radiólisis. Se trata de un mecanismo mediante el cual la radiación que viaja por el universo, al impactar bajo la superficie de un cuerpo celeste, descompone las moléculas. Lejos de ser destructivo, este fenómeno liberaría subproductos que servirían de combustible para ciertos organismos simples.

De hecho, este modelo teórico tiene un sólido fundamento en lo que ya conocemos de nuestro propio planeta. Los investigadores se han basado en los extremófilos terrestres, unas bacterias capaces de sobrevivir en las profundidades del subsuelo alimentándose de la energía de la desintegración radiactiva. Son seres que han logrado adaptarse a la oscuridad total.

Siguiendo este patrón, tal y como recoge Popularmechanics, los científicos han realizado simulaciones centradas en tres mundos vecinos: Marte, Europa y Encélado. La hipótesis sostiene que la vida alienígena se resguardaría bajo la superficie para evitar el impacto letal directo, aprovechando únicamente los beneficios químicos de la radiación.

El sorprendente potencial de Encélado

Bajo esta nueva óptica, la luna de Saturno se perfila como el candidato más prometedor de nuestro sistema solar. Los cálculos matemáticos indican que Encélado podría soportar teóricamente una densidad biológica notable a apenas 60 centímetros de profundidad. Estamos ante unas cifras que invitan al optimismo.

Concretamente, se estima que este satélite helado podría albergar hasta 42.900 células por centímetro cúbico. Por su parte, las estimaciones para el Planeta Rojo sugieren la posibilidad de sostener unas 11.600 células a medio metro de profundidad, mientras que Europa arroja datos más modestos. No buscamos hombrecillos verdes, sino microbios resistentes en entornos hostiles.

Asimismo, esta teoría encaja con hallazgos físicos previos que otorgan credibilidad al modelo. Estudios independientes sobre las muestras de hielo recolectadas por la sonda Cassini han confirmado la presencia de compuestos orgánicos en Encélado. Esto demuestra que los ingredientes básicos para la vida ya están presentes.

En definitiva, este planteamiento amplía enormemente el mapa del tesoro en la astrobiología moderna. Si la radiación cósmica es suficiente para sustentar la biología, la búsqueda no tiene por qué limitarse a planetas que orbitan una estrella. Mundos errantes en el espacio profundo podrían, contra todo pronóstico, estar habitados en su interior.