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Ciclismo

Ciclismo / Tour de Francia

El Tour vuelve a su rutina

  • Chris Froome recuperó ayer el liderato en un descuido de Fabio Aru en la rampa final de Rodez, donde se dejó 25 segundos. La etapa la ganó Michael Matthews

Michael Matthews celebra su victoria en la décimocuarta etapa del Tour de Francia en Rodez.
Michael Matthews celebra su victoria en la décimocuarta etapa del Tour de Francia en Rodez.
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En el Tour hay dos conceptos clave tan resabidos y repetidos que acaban por olvidarse, pero que en días como el de ayer se tornan vitales: que cada día cuenta y que el equipo alrededor del jefe de filas sea tan o más fuerte que el propio líder. Y ambas van entretejidas. Porque cuando se tiene un equipo como el Sky, con corredores como Michal Kwiatkowski o Vasil Kiryienka, dos campeones del mundo al servicio de un líder en una etapa como la de ayer, cuando el perfil se suaviza y el pelotón se toma un respiro, salta la sorpresa y aquel que tiene las piernas más frescas acaba resultando vencedor.

Y el vencedor en Rodez no fue Michael Matthews, aunque entró primero en meta y diga que «es un sueño hecho realidad» después de pisotear a otro campeón del mundo, Philippe Gilbert, y a uno olímpico, Greg van Avermaet. Matthews alzó los brazos feliz, pero aún más feliz estaba Chris Froome, que cruzó veloz mientras echaban a andar los cronómetros esperando la llegada de Fabio Aru, solo y abandonado por un débil Astana que lo dejó a su suerte mediada la etapa y que, en el momento de la verdad, pagó el desgaste en la rampa final. El crono no se paró hasta pasados los 25 segundos.

Y es así como la llegada en la cuesta de Rodez, sin quererlo ni esperarlo se acabó convirtiendo en la etapa hasta ahora más decisiva del Tour de Francia. A veces no hacen falta grandes montañas o descensos suicidas. Basta un simple descuido. Así lo definió Fabio Aru, que se dejó más tiempo aquí que en todas las montañas hasta ahora escaladas frente a Froome. «He tomado el último tramo muy atrás, he hecho un esfuerzo muy grande para recuperarlo, pero ya era demasiado tarde y han abierto hueco. Son cosas de carrera, puede pasar», se defiende.

En realidad, no. La debilidad de Aru en este Tour va a ser su soledad. Tras las retiradas de Cataldo y Fuglsang, el sardo se ha quedado con seis compañeros, cuatro kazajos, Grivko y Valgren, los dos más valiosos pero que ni siquiera aguantaron los últimos 40 kilómetros junto a él cuando el pelotón trataba de dar caza a Thomas de Gendt, el último superviviente de la fuga. Aru se pasó la última hora de carrera peleando la posición, desgastando fuerza y energía. Desgaste físico y mental. «Me ha pasado a mí y otro día le puede pasar a otro», dice, mientras que su director, Giuseppe Martinelli aboga por «no hacer dramas, hay que estar tranquilos, queda una última semana donde puede pasar de todo».

Pero Froome no desaprovechó la ocasión. «En el final, Kwiatkowski me ha gritado por la radio que fuese a tope, porque tenía hueco. Cada segundo en este Tour es muy importante y sin el trabajo que ha hecho todo el equipo no podría hacer nada», explicó después de recuperar el maillot amarillo en un podio donde se le vio feliz y exaltado como pocas veces. Como para no. Con 25 segundos castigó a Aru para volver a instalar la rutina de su liderazgo y poderío en el Tour. Ya tiene 18 de ventaja con el sardo, 23 con Romain Bardet y 29 con Rigoberto Urán. Todo vuelve a la normalidad en el Tour.

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