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Ibaka: «Somos una familia»

Serge Jonas Ibaka Ngobila (18-9-1989, Brazzaville) siempre es el último jugador en abandonar la cancha en los entrenamientos de la Selección. Mientras el resto estira, atiende a los medios o consulta el teléfono, él prosigue con una sesión de tiro. «Nunca tiene suficiente», se asegura desde el cuerpo técnico.

Serge Ibaka después de un entrenamiento con la Selección
Serge Ibaka después de un entrenamiento con la Selecciónlarazon

Es una forma de empezar a entender que en menos de cinco años ha pasado de disputar un campeonato junior africano, a dar el salto a Europa, jugar en la ACB, emigrar a la NBA y convertirse en el «fichaje» estrella de España para el Eurobasket. Ayer debutó con «La Roja» ante Francia. Serge Ibaka –o «Ikea» como le bautizó el portavoz del Gobierno– está encantado. «Todo el mundo me cuida y me ayuda, hay muy buen ‘‘feeling'' dentro y fuera de la cancha. Somos como una familia porque comemos juntos, dormimos juntos, trabajamos juntos, vivimos juntos, reimos juntos…», asegura después de deshacerse de unas tobilleras.

Más allá de los entrenamientos, el pívot ha caído en gracia dentro del grupo. Las partidas a la «Play», porque a la pocha todavía no se maneja, o una colleja de Marc después de sumergir los pies en agua con hielo lo ratifican. «Se ha adaptado sin problema», comenta Navarro. El examen de ingreso en la Selección, la cena de los novatos, la superó con nota. «Comimos mucho, fue gracioso y muy divertido. Nos lo pasamos de puta madre», dice orgulloso. La cuenta de cuatro cifras que pagaron entre Xavi Rey y él fue lo de menos.

A punto de cumplir 22 años, la fecha coincide con la final del Eurobasket, la vida de Ibaka ha sido y es un cúmulo de experiencias. Sus padres eran jugadores de baloncesto y ambos fueron internacionales. Él es el tercero más joven de 18 hermanos y pasó una infancia complicada. Su madre murió cuando él tenía 7 años y su abuela –«me gustaría que viniera al Eurobasket», afirma– ejerció el papel de la madre ausente. La guerra civil que asoló el Congo de 1997 a 1999 golpeó a la familia. Su padre fue perseguido y encarcelado y para superar todo eso, se volcó en el baloncesto. «Me levantaba a las cinco, me iba a correr, luego hacía unos tiros, abdominales, seguía jugando…», recuerda. Así hasta que en 2006, en un campeonato junior, su presencia impactó a unos ojeadores, la agencia u1st Sports, que le trasladaron a Hospitalet. Dos años después debutó en la ACB con el Manresa. Sus condiciones atléticas y su potencial llamaron la atención de la NBA y en el «draft» de 2008 fue elegido en el puesto número 24 por Seattle Supersonics, una franquicia que luego se trasladaría a Oklahoma. La avalancha de novedades no mareó a Ibaka. En el mismo día del sorteo universitario otra franquicia le ofreció dos millones de dólares más a cambio de la incorporación inmediata. Serge les dio largas porque no se veía preparado para dar el salto con 18 años. Un año más tarde, los Thunder le recibieron con los brazos abiertos. Dos temporadas en Oklahoma le han bastado para ser el jugador que más tapones coloca en la Liga, ser una de las referencias defensivas y uno de los jugadores que más ha progresado en la última campaña. La llegada a la Selección es, por ahora, el último paso. «Es una forma de agradecer todo lo que ha hecho España por mí. Soy muy joven y tengo que aprovechar esta oportunidad», comenta convencido. Dos semanas de entrenamiento le han bastado para valorar a su nuevo equipo: «Somos un buen equipo. Esto ya me lo decían en Estados Unidos: ‘‘Con los hermanos Gasol y contigo, España va a tener una buena Selección''».
Scariolo se ha encontrado con un arma con la que no contaba. «Me ha dicho que sea Ibaka. Tengo que correr, defender, rebotear, hacer el trabajo sucio y me gusta. Tengo que poner mucha energía y mucho esfuerzo», asegura. Los más agradecidos, al margen del seleccionador, los Gasol.

Ibaka habla cuatro idiomas: «Español, inglés, francés, lingala y una ‘‘miqueta'' de catalán». La ultima vez que practicó su lengua materna, el lingala, fue hace unas semanas en Brazzaville, la capital de la República del Congo. Acudió a un campus de Adidas y de su agencia de representantes y también como colaborador de UNICEF. «Fue emocionante. Aquellos niños eran como yo hace poco tiempo. Yo quiero que hagan realidad sus sueños. Es lo que me ha pasado a mí. Todo esto lo soñaba y ahora lo tengo y por eso estoy muy contento». Y es que aparte del baloncesto, a Ibaka le mueven la familia, la infancia y unas profundas creencias religiosas.


De la paella al bocadillo de chorizo
- Comida favorita. La paella.
- ¿Le gustan los toros? Sí, me gusta verlos.
- ¿Ha escuchado el himno de España? Sí, pero no en la cancha.
- Tres nombres de campeones del mundo de fútbol. Xavi, Iniesta, Casillas, Puyol, Piqué, Villa...
- Patatas fritas o patatas bravas. Muchas patatas fritas.
- Hamburguesa o bocadillo. Bocadillo y de chorizo.
- ¿Digamé algo «typical spanish»? Los chipirones