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Las «fake news» rusas llegaron a 125 millones de estadounidenses

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Tiempo de lectura 4 min.

01 de noviembre de 2017. 03:57h

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Marta Torres 1/11/2017

¿Cómo utilizó Moscú Facebook, Twitter y Google para interferir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos? Ayer, los representantes legales de estos tres gigantes tecnológicos acudieron a rendir cuentas ante el subcomité judicial del Senado.

«Cuando se trata de las elecciones de 2016: quiero ser muy claro. La injerencia extranjera que hemos visto es censurable e indignante y abre un nuevo campo de batalla para nuestra empresa, nuestra industria y nuestra sociedad», aseguró el consejero general de Facebook, Colin Stretch. «Actores extranjeros, escondidos detrás de cuentas falsas abusaron de nuestra plataforma y de otros servicios de Internet para tratar de sembrar división y la discordia y para intentar socavar nuestro proceso electoral. Es un asalto a la democracia y viola todos nuestros valores», añadió Stretch.

En su comparecencia reconoció que las manipulaciones de los rusos a través de estas plataformas llegaron a alrededor de unos 126 millones de personas en Facebook. El consejero general estima que 470 cuentas rusas relacionadas con una firma pro-Kremlin, la Agencia de Investigación de Internet, produjeron en masa 80.000 anuncios en Facebook entre enero de 2015 y agosto de 2017. Los contenidos de estas publicaciones estaban relacionados con la raza, la religión, los derechos a las armas y con la orientación sexual y de género.

El consejero general de Twitter, Sean Edgett, reveló que se han identificado y retirado al menos 2.752 cuentas vinculadas a la Agencia de Investigación de Internet. Más de 36.000 robots rusos «tuitearon» 1,4 millones de veces durante las elecciones presidenciales en las que se enfrentaron al actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y la demócrata Hillary Clinton. El consejero general de Google, Kent Walker, explicó que se han descubiertos 1.108 vídeos en YouTube, propiedad del buscador, que recibió un total de 309.000 visitas por usuarios de Estados Unidos entre junio de 2015 y noviembre de 2016, cuando se celebraron las elecciones presidenciales.

Aún hay que determinar lo más importante, si tienen pruebas estos tres gigantes de que los rusos conspiraron con la campaña electoral de Trump. El dirigente republicano y el resto de sus consejeros han negado en diferentes ocasiones que hubiese tal trama. Sin embargo, estas preguntas se encuentran en el centro de las investigaciones que llevan a cabo el Capitolio y el ex director del FBI Robert S. Mueller, que presentó el lunes los primeros cargos de forma oficial contra el ex jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, y el consejero Rick Gates. Por si fuera poco, un consejero de política exterior de la campaña republicana, George Papadopoulos, que colabora con Mueller desde hace meses, se declaró culpable de mentir al FBI sobre su relación con un profesor vinculado al Kremlin.

Al menos la audiencia pública de ayer y la de mañana ofrecen a los legisladores una de las pocas oportunidades de preguntar a estos grandes de Silicon Valley, cuyo crecimiento impulsa al resto de la economía de Estados Unidos. Los legisladores también les preguntaron sobre cómo manipularon sus plataformas, qué hicieron para evitarlo y cómo planean responder en un futuro. Sin embargo, los jefes de estos gigantes parecen más interesados en contestar de forma correcta a los legisladores. Los tres han mandado a Washington a sus abogados más importantes en vez de a sus expertos e investigadores en seguridad cibernética.

Su comparecencia coincide con los intentos de los congresistas de aprobar diferentes regulaciones en las empresas de Silicon Valley, debido a la acumulación de poder e influencia de estas empresas puesta de manifiesto tras las elecciones presidenciales. Estos días en el Congreso se valora la política de protección de datos de estas empresas y su oposición a una mayor regulación. La senadora demócrata Amy Klobuchar, que ha propuesto una ley más dura para los anuncios políticos, presiona estos días a estas compañías por sus objeciones a una mayor regulación. Sin embargo, Stretch, contrario a un mayor control sobre Facebook, intentó restar importancia a la cantidad de «noticias falsas» que se distribuyen a través de su red social. De esta forma, se defendió al recordar que los anuncios de los rusos representan sólo una pequeña fracción de todo el contenido consumido por los estadounidenses, es decir, un 0,004% o una de cada 23.000 piezas en su red social.

Estos testimonios se producen justo cuando se va a cumplir el primer aniversario de la victoria electoral de Trump. Entonces, Facebook se enfrentó a numerosas críticas por permitir la distribución de noticias falsas en contra de la candidata demócrata. También se registró una mayor actividad contra Clinton en la aplicación de intercambio de fotografías Instagram, que Facebook compró por 1.000 millones de dólares en 2012. Los datos de la red social muestran que la prorrusa Agencia de Investigación de Internet creó 170 perfiles, que compartieron alrededor de 120.000 imágenes.

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