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Los violinistas rompen sus cadenas

La Orquestra de Cambra de l’Empordà regresa al humor gestual con «Desconcierto» bajo la batuta de Jordi Puntí

  • La orquesta hace de todo, desde correr a ir en bicicleta
    La orquesta hace de todo, desde correr a ir en bicicleta
Carlos Sala.  Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

19 de septiembre de 2017. 08:31h

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Primero fueron los cantantes líricos que empezaron a tener que aprender a ser grandes actores para adaptarse a la ópera moderna, y ahora parece que le toca el turno a los músicos de la orquesta, que cada vez se les exige más, como ser cómicos y casi atletas en el escenario. Ejemplo de ello es la Orquestra de Cambra de l’Empordà, prestigiosa formación de tradición clásica que, desde hace años, desdobla su actividad y se apunta a la comedia. Y lo hacen tan bien que son requeridos por medio mundo. Es como si en un escenario, en lugar de un Harpo Marx, tuvieses quince. La risa y la música estarían aseguradas.

El Teatre Condal acoge del 20 de septiembre al 8 de octubre «Desconcierto», su último montaje, que dirige Jordi Puntí. En escena diez músicos y un director de orquesta, Carles Coll Costa, en lo que parece una sesión de ensayos en el que los músicos parecen buscar su independencia y el caos se sucede. «No son actores, y no están acostumbrados a ciertos esquemas. Lo que les pedimos aquí no lo enseñaba nadie en el conservatorio. Es un trabajo de artesanía, trabajando con ellos movimiento a movimiento, pero cada vez les sale más fácil», comenta Puntí.

Partitura clásica

El teatro gestual es el motor principal de la acción, que incluye saltos, paseos en bicicleta, sprints y un teatro físico muy intenso. Sin embargo, que nadie piense que la música queda en un segundo plano. Entre idas y venidas, la orquesta interpreta desde la «Sinfonía nº 40» de Mozart a «Las 4 estaciones» de Vivaldi, «Peer Gynt», de Edvard Griego «Havnera», de «Carmen», de Georges Bizet y un largo etcétera. «La orquesta ha sufrido una renovación a fondo. Nos hemos llenado de gente joven de todo el mundo formados en los mejores conservatorios, lo que les permite hacer todas estas filigranas. Es muy difícil tocar haciendo lo que les pedimos, pero lo hacen a la perfección», señala Coll Costa.

Este espectáculo continúa el éxito de «Concerto a tempo d’umore», la primera colaboración de Puntí con la orquesta, y en esta ocasión se ha atrevido a pedir a los músicos un poquito más. «Lo hemos vivido como un reto. Al principio te choca y no sabes muy bien cómo actuar, pero poco a poco te vas soltando y consigues cosas que no sabías antes que serías capaz», asegura Natalia Klymyshyn, primer violín que llega desde Ucrania.

El objetivo final de la pieza es seducir a un público nuevo a la clásica, que a través del humor vea que no es un género elitista, para unos pocos, sino una forma única de hermanar a todo el mundo. «Estoy convencido que muchos que han visto nuestro espectáculo han desempolvado de las estaterías de un viejo CD de clásica y lo ha escuchado por primera vez. Nos lo han dicho muchas veces, y cuando eso pasa te sientes en cierta forma recompensado», asegura Purtí.

«Desconcerto» es, en definitiva, «un espectáculo universal, tal como lo es también la música clásica, porque el virtuosismo de los músicos, las acciones que se suceden en escena, el teatro gestual y los toques de humor atrapan a todo tipo de público», comenta Puntí, que asegura que, después de tantos ensayos, «conozco a los músicos como si fueran mis hijos». «Nos ha enseñado a trabajar más en grupo, a coreografiar todos nuestros movimientos, ha sido fascinante», confiesa Tigran Yeritsyan, viola principal.

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