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Un pianista con el alma de Montaigne

La editorial Acantilado publica el libro «Sobre la música. Ensayos completos y conferencias» del laureado Alfred Brendel.

  • El legendario pianista Alfred Brendel
    El legendario pianista Alfred Brendel / Miquel González/Shooting
Carlos Sala.  Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de diciembre de 2016. 08:44h

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Carlos Sala.  Barcelona. 2/12/2016

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¿La música se puede pensar? Para el legendario pianista Alfred Brendel, autodidacta por convicción, no puede ser de otra manera. A los 13 años leyó de la A a la Z las 600 páginas de la emblemática «Enciclopedia ilustrada de la música», de Hermann Abert. A los 14, al final de la II Guerra Mundial, fue enviado a cavar trincheras en Yugoslavia, pero tuvo que refugiarse en un hospital debido a un congelamiento. A los 17 años ya realizaba recitales de piano y con a penas 20 años ya grababa la integral de sonatas de Beethoven. Y después de cada interpretación, su cerebro se llenaba de ideas, como si las teclas del piano le propulsasen a indagar en los misterios de la música. «Nunca he pensado sobre una pieza antes de interpretarla, nunca he ido con una idea preconcebida en mente. Siempre ha sido a partir de la obra en que he visto un camino para la reflexión», comenta Brendel.

Después del fascinante «De la A a la Z de un pianista», la editorial Acantilado publica ahora «Sobre la música. Ensayos completos y conferencias», recopilación de orden cronológico de los textos teóricos que han configurado su pensamiento, cuyas ideas a veces le han granjeado el título de provocador, pero que sólo subrayan su carácter analítico y totalmente personal. «Siempre he sido un intérprete obsesivo y en mis conferencias y ensayos he trazado sobre todo de los problemas de ejecución de las partituras», señala el pianista.

No hay duda que la base de todos sus escritos es la extraña relación que se crea entre el compositor y su intérprete. El equilibrio entre el intérprete dogmático que utiliza la partitura como texto sagrado que está prohibido «interpretar» al que lo utiliza como si el compositor no supiese lo que estaba haciendo es lo más difícil de conseguir, pero imprescindible para dar vida y eco a las notas. «La música no es sólo una cuestión de forma y estructura. Comprende también la esfera del sentimiento y de la psicología», asegura el músico, que se retiró de los escenarios en 2008, pero cuya actividad no decae, a punto de dar a luz un próximo ensayo sobre el movimiento dadá y una nueva conferencia sobre «Mi vida musical».

De Schubert a Bethoveen

El libro está plagado de ideas reveladoras sobre compositores como Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelssohn, Liszt, Brahms, Bach o Mozart entre otros. Por ejemplo, habla como ha cambiado con el tiempo la valoración de las últimas sonatas de Schubert, que antes se aborrecían por ser demasiado largas y ahora se alargan todavía más en su interpretación porque se consideran demasiado cortas. O critica la obcecación historicista de tocar a Bach con instrumentos barrocos y no con pianos modernos, cuando si lo que quieren es escucharlo como lo harían en su época, tendrían que hacerlo en salones llenos de mármol y no en los auditorios modernos.

Otra de sus obsesiones es el papel del humor en las composiciones de Haydn, Rossini o Beethoven. Y deja claro que no le gustan las bandas sonoras. «Sólo se salva Chaplin. Toda la música de Hollywood sigue la estela de Rachmaninov y es horrible», dice.

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