

China
Un mes después de que un fragmento de basura espacial dejara a tres astronautas atrapados durante nueve días en la estación espacial china Tiangong, los taikonautas que permanecen en el complejo orbital han comenzado a introducir modificaciones en ella.
De acuerdo con la información publicada por cadena estatal china CGTN, los astronautas Zhang Lu y Wu Fei realizaron a comienzos de esta semana una caminata espacial de ocho horas, en la que instalaron paneles de protección contra impactos en el exterior de la estación. Durante la salida también revisaron el estado del casco y efectuaron pequeñas reparaciones adicionales.
La colocación de estas defensas llega tras el vuelo de emergencia no tripulado que la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA) envió a Tiangong menos de dos semanas después de detectar los daños. Lo ocurrido fue considerado como una operación destacada. El Shenzhou-20, que debía repatriar a la tripulación anterior el 5 de noviembre, presentó grietas en una ventana ocasionadas por los desechos orbitales, lo que lo que impidió que el equipo volviese a casa.
Fue por ello por lo que la tripulación que viajó en el Shenzhou-20 tuvo que utilizar la nave Shenzhou-21, lo que dejó a los recién llegados sin vehículo de retorno. Afortunadamente, el vuelo de emergencia fue un éxito, entregando a la tripulación del Shenzhou-21 una nueva nave de retorno , la Shenzhou-22, que presumiblemente venía junto con los materiales de protección contra escombros.
El problema de los desechos espaciales preocupa a las agencias de todo el mundo. Un fragmento puede desplazarse a velocidades de hasta 15 kilómetros por segundo, más de diez veces la rapidez de una bala terrestre. Se estima que hay más de 25.000 piezas rastreadas orbitando el planeta y hasta 170 millones de fragmentos menores imposibles de seguir, una combinación que representa un riesgo grave para las misiones tripuladas.
En Estados Unidos, compañías emergentes como Atomic-6 desarrollan materiales de tipo 'armadura espacial', placas de resina compuesta diseñadas para proteger tanto satélites como vehículos habitados frente a esta amenaza creciente.
Durante años, las agencias han recurrido a los llamados escudos Whipple para amortiguar impactos. Sin embargo, estos sistemas son voluminosos y, al fragmentarse en colisión, generan nuevos restos secundarios que solo retrasan el daño. Con las nuevas medidas, la CMSA espera reducir riesgos y evitar incidentes mayores, aunque la amenaza de los desechos orbitales sigue presente.

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