

Energía nuclear
El espacio se ha convertido en el lienzo sobre el que instituciones públicas y privadas esbozan proyectos con los que anticipar los desafíos del mañana. Compañías como Google planean llevar sus centros de datos al espacio mientras otras como SpaceX de Elon Musk ya copan un espectro importante del firmamento con los satelites de Starlink.
Sin embargo, el mayor objeto de deseo de cuantos están más allá de la Tierra es la Luna. Pese a que la última vez que una misión tripulada pisó la superficie la lunar se remonta al año 1972, la NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos tienen un plan ambicioso para conseguir unas condiciones que permitan que ese hecho se pueda dar con mucha mayor frecuencia. Todo pasa por instalar un reactor nuclear en la Luna.
Ha sido la propia Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) quien se ha encargado de anunciar el proyecto en el que trabaja en colaboración con el Departamento de Energía estadounidense (DOE). El fin de dicha colaboración es apoyar la investigación y el desarrollo de un sistema de energía de superficie de fisión para su uso en la Luna.
El primer horizonte temporal que se fijan ambas administraciones tiene como objetivo el año 2030. Para entonces, la idea es haber finalizado la fase de desarrollo de dicha instalación, cuya razón de ser es contar con un sistema de energía de fisión en la Luna capaz de producir energía eléctrica segura, eficiente y abundante.
Con ello se sentarían las bases tanto de una misión permanente en la Luna como del siguiente gran objetivo que se marcan tanto la NASA como el DOE: afrontar una futura misión a Marte. Mediante la instalación de este sistema de fisión se daría respuesta a uno de los grandes inconvenientes actuales para las misiones, dado que se elimina la necesidad de reabastecimiento constante desde la Tierra además de permitir ganar independencia con respecto a la luz solar o la temperatura.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, señaló que se trata de un proyecto que requiere de aprovechar todos los recursos al máximo, incluyendo el que puede ofrecer la energía nuclear. De igual modo, Isaacman mostró su satisfacción por cuanto supone de cara a afianzar una colaboración más estrecha de su administración junto al Departamento de Energía de cara a “brindar las capacidades necesarias para marcar el comienzo de la Era Dorada de la exploración y el descubrimiento espacial”.
No obstante, estamos ante un plan que deberá hacer frente a complejidades desde su comienzo. Entre ellas, tal como apunta el medio especializado Science Alert, la primera surge al pensar en las torres de refrigeración que necesita una instalación de este tipo y lo complicada que sería su operativa en las condiciones ambientales que imperan en la Luna. La principal razón se basa en el hecho de que en la Tierra las torres de refrigeración de los reactores hacen uso de agua que libera el exceso de energía en forma de vapor transportado por la atmósfera, algo que no se podría producir en la Luna.
Por si eso fuera poco, hay que tener en cuenta que los equipos deben ser diseñados para que el polvo lunar no obstruya la maquinaria que se traslade a la Luna. A mayores, otro factor para tener en cuenta debe ser la protección contra la radiación en el revestimiento de la instalación, para evitar consecuencias fatales a los exploradores lunares y a quienes tengan que llevar a cabo tareas de mantenimiento.
Plasmar la idea en una solución real parece complejo, pero la alianza entre la NASA y el Departamento de Energía muestra un esfuerzo conjunto que apuesta de forma decidida por ello. Ahora, solo falta que los avances en ingeniería, la partida presupuestaria que requiere un proyecto de tal envergadura y la regulación no acaben siendo un obstáculo insalvable.