Ni viento solar ni meteoritos: el hallazgo de una 'cantidad inexplicable' de elementos confirma que la Luna es una copia de seguridad de la Tierra

La superficie lunar podría albergar un registro histórico de nuestra atmósfera gracias al campo magnético terrestre, que actúa como un puente invisible bombardeando el satélite con partículas cargadas desde hace miles de millones de años para explicar

Errol Musk en el podcast Wide Awake
Recreación de un impacto en la Luna

Las muestras de suelo lunar que las misiones Apolo trajeron a la Tierra ocultaban una incógnita química que ha traído de cabeza a la comunidad científica durante décadas. Al analizar el regolito, los expertos encontraron una cantidad inexplicable de elementos volátiles, sobre todo nitrógeno, que los modelos teóricos basados únicamente en el viento solar o impactos de meteoritos no lograban justificar adecuadamente.

Ante este escenario, investigadores de la Universidad de Rochester se pusieron manos a la obra para cuadrar las cuentas mediante simulaciones avanzadas. Al contrastar los modelos de la Tierra primitiva con la actual, descubrieron que la configuración de nuestro campo magnético moderno encaja a la perfección con los datos extraídos de las rocas, resolviendo así el rompecabezas. Sin embargo, para entender a fondo el origen de este escudo protector, debemos tener presente que el núcleo de la Tierra es más complejo de lo que pensamos y su actividad interna es la responsable directa de generar la magnetosfera.

En concreto, la explicación reside en la interacción dinámica entre nuestro planeta y su entorno espacial inmediato. El viento solar golpea la atmósfera y arranca partículas cargadas que, lejos de perderse en el vacío, viajan a través de las líneas del campo magnético para terminar depositándose en una transferencia de materia constante hacia nuestro vecino.

Por su parte, y tal como detallan informaciones recogidas por Science Alert, la magnetosfera adopta una forma alargada similar a la cola de un cometa debido a la presión solar. Cuando nuestro satélite atraviesa esta estela, se ve sometido a una lluvia de partículas atmosféricas procedentes directamente de la Tierra, un proceso físico fascinante que conecta ambos cuerpos celestes.

Un registro histórico inalterado

Asimismo, el estudio publicado recientemente en la revista Nature Communications Earth & Environment ratifica que este fenómeno no es una novedad. Ha estado ocurriendo durante miles de millones de años, lo que implica un trasvase continuo de oxígeno, agua y otros componentes que han quedado atrapados en un intercambio químico perpetuo.

De este modo, la visión que teníamos de nuestro vecino celestial como un mundo aislado se desmorona por completo. La Luna ha estado actuando silenciosamente como un custodio de nuestro pasado, preservando en su superficie un registro fiel de los cambios sufridos por la atmósfera terrestre a lo largo de los eones.

En definitiva, es fascinante pensar que ahí arriba existe una biblioteca geológica esperando ser leída con la tecnología adecuada. Nuestro satélite natural ha funcionado como una suerte de disco duro externo, almacenando una copia de seguridad evolutiva que permitirá a las futuras generaciones comprender mejor la compleja historia de nuestro propio mundo.

Client Challenge