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De campeona a campeona

Conchita Martínez ya no está sola como española campeona de Wimbledon. Ahora la acompaña Garbiñe, a la que ha entrenado estas dos semanas. La unión ha sido perfecta

  • Muguruza celebra con el trofeo su victoria en Wimbledon
    Muguruza celebra con el trofeo su victoria en Wimbledon

Tiempo de lectura 4 min.

16 de julio de 2017. 02:25h

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Cuando Conchita Martínez tiró la raqueta al cielo de Londres y levantó las dos manos, Garbiñe Muguruza había nacido hacía apenas 268 días en Venezuela. Era el 2 julio de 1994. «Pego un revés, después a ella se le queda corto, pego otro y entonces decido subir a asustar un poco. Y Martina la tira fuera», recuerda Conchita. Fue entonces cuando lanzó la raqueta. Era la campeona de Wimbledon. Ayer, Garbiñe pidió el ojo de halcón en un tiro de Venus. La bola era mala. Entonces, soltó también la raqueta y se fue al suelo con ella con las manos en la cara. Era la campeona de Wimbledon. Y en la grada estaba Conchita, que la ha entrenado estas dos semanas, cubriendo la «baja» de su entrenador, Sam Sumyk.

23 años han tenido que pasar para que Conchita no esté sola como española campeona en la catedral del tenis. Sufrió más ayer, 15 de julio de 2017, en el palco, que aquel 2 del mismo mes de 1994, en la pista...

... Ese día, después del éxtasis inicial, Conchita se sentó en el banquillo y se tapó la cara con la toalla, diciendo que no con la cabeza. Ayer, Garbiñe también reflexionaba con la toalla mientras Conchita se hacía un «selfie» con el equipo. «Siento escalofríos», confesó la aragonesa minutos después de su gran hazaña en el 94. Muguruza, ayer, tocó con los dedos el panel de los nombres de las campeones, donde ya estaba ella, como para asegurarse.

Conchita, cuando ganó, buscó en la grada al rey de España, pero no lo encontró. Un mes antes, cuando había sido eliminada de las semifinales de Roland Garros por Arantxa Sánchez Vicario de forma rotunda, don Juan Carlos tuvo unas palabras cariñosas con la perdedora, que la animaron mucho. «Hay que dar un empujón a Conchita», dijo. Y un mes después Conchita ganó Wimbledon. Hace un mes Garbiñe lloraba por perder en París, y un mes después... Ayer, Don Juan Carlos estaba en la grada, pero ahora es rey emérito, pues su hijo Felipe, quien entonces era príncipe, ha ocupado su lugar.

Conchita tenía 22 años cuando ganó y Garbiñe tiene 23. Martina Navratilova sumaba 37, los mismos que Venus. «Estuve muy acertada con los restos y, sobre todo, con el revés. Encontraba el agujero tanto en el paralelo como en el cruzado», recuerda ahora Martínez de su final. Navratilova subió, por exagerar, mil veces a la red y, por exagerar también, fue superada en 999. El partido de Muguruza con Venus fue diferente: pese a ser una jugadora ofensiva, supo contenerse para cometer sólo 11 errores no forzados, por los 25 de su rival. Lo que sí fue igual en ambos encuentros es la salida a la pista de las dos finalista con un ramo de flores. En Wimbledon las tradiciones son difíciles de tocar, pero ni Wimbledon puede combatir a la lógica: Conchita jugó al aire libre, Garbiñe lo hizo bajo techo porque llovió.

«No lo recuerdo muy bien, pero sí dormí la noche antes. Igual a veces te cuesta más descansar antes de un partido así, pero no recuerdo haber tenido una mala noche», rememora Conchita, que estaba casi más nerviosa por la reverencia a Lady Di que por el partido. Tampoco tiene problemas de sueño Garbiñe, aunque en Londres se ha despertado antes de lo habitual porque allí «amanece antes», según confesó ella misma. Contra los nervios, Muguruza explica su remedio: «Entrenar dos horas antes, correr, sudar y pegar a la pelota fuerte para liberarte». Y escuchar un poco de música antes de saltar a la pista.

La noche del pasado viernes Conchita cenó con Garbiñe y estuvieron hablando del duelo con Navratilova. También de la estrategia a seguir para hacer frente a Venus, partido que podrán comentar ya hoy, de campeona a campeona. La unión de las dos ha sido mágica. Parece que Conchita ha conseguido que todo encaje en Wimbledon para que su jugadora, a la que ya había dirigido en la Copa Federación, se centrara y dejara volar sus golpes.

Si Lilí Álvarez, con tres finales consecutivas en Wimbledon, fue la pionera y Arantxa Sánchez Vicario y Conchita son las referentes del tenis femenino español, Garbiñe ya va detrás de ellas.

«Cuando ganas un torneo así hay mucha gente, gobiernos, etc., que quiere hacerte recepciones, pero a partir de ahí tienes que seguir entrenando y seguir centrada en los torneos. Hay que seguir con las rutinas», dice Conchita, sabia. Un mes después de su triunfo en Wimbledon ganó la Copa Federación justo a Arantxa Sánchez Vicario, a la que derrotó una semana más tarde en la final del torneo de Stratton Mountain. Una última enseñanza para quien ha sido su pupila estas dos últimas semanas.

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