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Lágrimas, pero de alegría

Garbiñe lloraba hace un mes por ser eliminada de Roland Garros. Ayer lo hizo por ganar. Está aprendiendo a vivir con la presión

Tiempo de lectura 2 min.

16 de julio de 2017. 02:21h

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Francisco Martínez 16/7/2017

Quién lo diría, pero apenas hay un mes de diferencia entre las dos imágenes que acompañan esta información. El 4 de junio, Garbiñe Muguruza no pudo terminar su última conferencia de prensa en Roland Garros, atenazada por las lágrimas. Lloraba porque Kristina Mladenovic la había eliminado en octavos. Adiós a la defensa del título. Adiós, también, a la presión y a que todos los días le pregunten por el título.

Una experiencia para aprender, porque ahora es la campeona de Wimbledon y también se lo van a recordar. 42 días de diferencia entre las lágrimas de París y la sonrisa de Londres. «He aprendido a convivir con la presión», ha repetido estas dos temporadas. «Ha conseguido darle vuelta a la situación. Es importante volver, y además haberlo hecho en un “grande”», explica Conchita.

Garbiñe ha «vuelto», como ya hizo antes. En 2015 jugó la final de Wimbledon y de ahí a que acabara el curso fue un huracán y conquistó también el Premier Mandatory (los segundos torneos más importantes, tras los Grand Slams) de Pekín. Comenzó 2016 por primera vez entre las mejores (era la 3 del mundo) y su vida fue una montaña rusa de resultados. Ya no era Garbiñe la aspirante, ahora era Garbiñe, la mujer a batir. Entre la incertidumbre, ganó Roland Garros. Y después de París, de nuevo un día sí, otro no. Cuando era «no», era «no». «En Wimbledon ha visto que dándole importancia a todos los puntos le va bien», aseguraba Conchita antes de la final. Alguna lesión inoportuna le ha cortado el ritmo en este último año. Ella dice que quizá no sea una jugadora «de estar todas las semanas en semifinales», pero tal vez si llegara a esa ronda con asiduidad no dudaría. O quizá es que es una jugadora de grandes momentos: tiene 23 años y lleva tres muy grandes: final de Wimbledon, campeona de Roland Garros, campeona de Wimbledon.

Garbiñe, de padre (José Antonio se llama) vasco y madre (Scarlet Blanco) venezolana, nació en Caracas, pero con seis años se mudó a Barcelona con su progenitora y sus hermanos, Asier e Igor, que jugaban al tenis y se apuntaron a la academia Bruguera.

Aparte de en el tenis, sus hermanos también han influido en ella en gustos como las películas de acción, de terror, de sangre, ésas que ha visto casi a diario en el piso que tiene alquilado en Wimbledon. Allí ha cocinado (está encantada con su atún con tomate), ha pasado el rato viendo la televisión, leyendo, escuchando música («Malibu», de Miley Cyrus, ha sido su canción del torneo) y riéndose, como cuando saltaron las alarmas de incendio, como mostró en las redes sociales, donde es muy activa y donde se la ve entrenando, de vacaciones o luciendo un par de zapatos de esos que le encantan.

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