lunes, 05 diciembre 2016
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España

Empujones como arma de provocación

  • En el norte de Navarra persiste el odio y los abertzales buscan el enfrentamiento contra quienes consideran sus «opresores».

En la zona de la sakana navarra sigue imperando el odio. La banda terrorista ETA ya no mata, pero en territorios como Alsasua, Etxarri Aranatz o Arbizu intentan convertir las miradas y el empujón como su nueva arma de acoso. Con ello tratan de amedrentar a concejales no nacionalistas, a vecinos no abertzales y a la Guardia Civil. En el municipio navarro ya no gobierna Bildu que ahora cuenta con tres concejales y es Geroa Bai con cinco quien ostenta la alcaldía. Dos concejales son de Podemos, PSOE tiene tres y UPN, uno.

Han pasado solo tres días desde la agresión a un teniente y a un sargento de la Guardia Civil. El concejal de UPN en Alsasua, Javier López asegura que el municipio ahora está tranquilo, aunque reconoce que «aquí hay bastante odio». Recuerda que cuando llegó como concejal le hablaron de una línea imaginaria del pueblo por la que no podía pisar, aunque asegura que ya ha paseado por todo el pueblo «sin problema». Sin embargo destaca que «en el pueblo sí se percibe el rechazo a la Guardia Civil. Los llaman las fuerzas de ocupación, pero cuando se pierden en el monte bien que los llaman», destaca el edil de UPN. Como dato curioso indica que muchos de «los vecinos son gente que vino de Extremadura». Ayer estuvo interesándose por el estado de salud del sargento y charló con él: «Está dolorido» de las patadas y golpes que le propinaron, comenta.

El concejal y portavoz del PP en Etxarri Aranatz, Juan Antonio Extremera asegura que es habitual que los simpatizantes de Bildu empleen los empujones y el insulto como arma de provocación en bares, fiestas e incluso a pie de urna en las elecciones. Él mismo lo ha sufrido en su municipio y lo ha visto en otros de la sakana navarra (norte de la comunidad foral). «Creo que cada vez están más envalentonados y se sigue notando el miedo». Y es que la gente procura no significarse cuando apoya a la Guardia Civil o vota un partido no nacionalista.

Carlos López García se presentó a las elecciones de Alsasua en la pasada legislatura con el PP, aunque no logró sacar el escaño. En los días de campaña recibió insultos, se negaron a servirle una coca cola en un bar y en el de la agresión a los agentes, recuerda, que en campaña dos personas en la puerta le aconsejaron no entrar. «Aquí no tienes nada que hacer, ni nada que ganar», le espetaron.

El acoso contra la Guardia Civil en la sakana navarra es constante. En Alsasua, en el Ospa Eguna es común ver patear muñecos con tricornio para quemarlos después, una especie de fallas en las que hace unos años trataron de quemar también la del concejal del PP del municipio, Francesc Paris. Los jovenes son educados en el odio y algunos padres regañan a sus hijos pequeños con un «txacurra» –forma despectiva de nombrar a los agentes–. En Etxarri hace un mes, los abertzales organizaron una concentración «ilegal» para pedir la libertad de los presos enfermos que terminó con lanzamiento de botellas y objetos contundentes contra los agentes.

El parlamento navarro condenó ayer la agresión de Alsasua sin lograr unanimidad. El gobierno de navarra duda de la versión de la Benemérita. Geroa Bai lo dejó en que «los términos concretos los dará la investigación» y EH Bildu dijo que los agentes «no tienen la presunción de veracidad». El Ayuntamiento de Alsasua condenó los «actos violentos» y mostró su «preocupación y malestar por la masiva presencia de la Guardia Civil que no ayuda a crear un clima de convivencia», informa Efe.

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