viernes, 24 marzo 2017
02:58
Actualizado a las 
Ofrecido por:
  • 1

Desmontando a Rubalcaba

  • El pasado más inmediato rema en contra del discurso fiscal sobre el que Alfredo Pérez Rubalcaba está intentado construirse un cartel sin hipotecas del PSOE ni heredadas de su etapa de ministro y que, además, le ayude a vadear la fractura de la izquierda sin más daños colaterales.

Hoy sustenta su propuesta fiscal en tocar dos impuestos, el del patrimonio y uno a los bancos, como anunció el pasado día 5 en una entrevista en la Cadena Ser. Pero la hemeroteca es inclemente a la hora de sacar los colores a las contradicciones entre lo que hoy se defiende y lo que se argumentaba hace no tanto tiempo para justificar decisiones de Gobierno de las que hoy se reniega.

«Los bancos y las cajas pueden y los jóvenes no pueden esperar [...] Vamos a reponer un impuesto de patrimonio que realmente grave a los grandes patrimonios que existen y que tienen que colaborar, que tienen que ayudar a aquellos que más han sufrido en la crisis para que todos salgamos juntos de la crisis. Ésa es la política redistributiva en la que estoy pensando», defendió Rubalcaba en el acto de proclamación como candidato que celebró en julio de 2011.

Pero en 2007 la supresión del Impuesto del Patrimonio se justificó en argumentos tan de peso, y tan contradictorios con los que ahora se alegan para reponerlo, como el de que era un tributo que incidía desigualmente en el tratamiento fiscal de los españoles, porque recaía sobre todo sobre las clases medias, pero no sobre las altas que –precisaba el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero– tienen «diversos instrumentos y fáciles mecanismos de elusión».

Zapatero llegó a proclamar el 4 de diciembre de 2007 que la supresión del impuesto garantizaba «la igualdad de los españoles» y era además un estímulo para que en «en este país no se penalice el ahorro, que representa el pago del impuesto». «El Gobierno considera más justo, simplificado y racional que se produzca su supresión», manifestó. Unos días más tarde era aún más rotundo, si cabe: «El Impuesto sobre Patrimonio es absurdo ya que casi no existe en la Unión Europea y no afecta a las fortunas más importantes».

Lo que ahora Rubalcaba presenta como una iniciativa en favor de una política redistributiva, en enero de 2008 era un impuesto que gravaba el ahorro, no era moderno, no tenía razón de ser y se sostenía fundamentalmente por la «clase media normal», como detallaba Jesús Caldera, coordinador del programa electoral socialista para defender el compromiso de suprimirlo.

Entonces, hasta Carme Chacón medió en el debate: «Suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio es bueno y acertado porque es obsoleto y en un 85% se está cargando sobre las rentas medias» (diciembre de 2007). Y también el vicepresidente Pedro Solbes apeló a las clases medias para justificar la eliminación de la tasa fiscal cuya reposición hoy venden como una medida para castigar a los grandes patrimonios. «Afecta a las clases medias y no a los grandes patrimonios y penaliza a determinadas formas de ahorro. Tiene un potencial igualitario o equitativo relativamente reducido», comentaba Solbes en diciembre de 2007.

SIGUENOS EN LA RAZÓN