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Portazo de EE UU e Israel a la agencia de la ONU

Trump ordena el abandono del organismo multilateral por su «parcialidad contra Israel» y Netanyahu se suma a la salida.

  • Sede de la UNESCO
    Sede de la UNESCO
Marta Torres/Jana Beris.  Nueva York/Jerusalén.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de octubre de 2017. 02:38h

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La Administración Trump anunció ayer que se retirará de la Unesco, la organización cultural de Naciones Unidas, con sede en París, debido a su supuesta «tendencia anti Israel». «La decisión no ha sido tomada a la ligera», se pudo leer en el comunicado, emitido por el departamento de Estado, que se justificó ante las consabidas críticas que vendrían después por parte de la comunidad internacional por el comportamiento errático del presidente Donald Trump, muy crítico con Naciones Unidas. El presidente de EE UU considera que su país aporta demasiados fondos al organismo multinacional en comparación con el resto de Estados.

La salida de Estados Unidos, que entrará en vigor a finales de 2018, no se hará de forma completa. Un movimiento entronca con otras renuncias en la esfera internacional como los acuerdos de libre comercio de Asia Pacífico o del Nafta así como el del Clima de París. En el comunicado, se expresa el deseo de convertirse en un «observador no miembro». Desde la Unesco, se reaccionó de forma inmediata al anuncio, realizado desde Washington, en el que la directora Irina Bokova indicó que «la universalidad es crítica para la misión de la Unesco de fortalecer la paz y la seguridad internacional frente al odio y la violencia, los derechos humanos y la dignidad».

A Bokova no le sorprendió esta decisión. Pero llama la atención el momento del anuncio de su retirada, justo cuando se elige a su sucesor. Estos días, luchan por su puesto los ex ministros de Cultura de Qatar y Francia, Hamad bin Abdulaziz al Kawari y Audrey Zoulay, respectivamente, en una pelea muy apretada. Aunque Bokova quiso hacer hincapié en la importancia de esta agencia de Naciones Unidas para la política exterior estadounidense, por sus programas de alfabetización en Afganistán, el patrimonio en Libia e Irak y sus planes contra el antisemitismo y la preservación de la memoria del Holocausto.

El movimiento de Trump se enmarca también en su doctrina de «América Primero» pero el distanciamiento entre EE UU y este organismo que vela por el patrimonio universal se remonta a 2011. Fue entonces cuando la Administración Obama congeló los fondos destinados a la Unesco en cumplimiento de una enmienda que obliga al país a suspender la financiación de todo organismo que reconozca a Israel. Es cierto que el presidente demócrata trató de derogar esta enmienda en el Congreso pero se bloqueó la iniciativa por un puñado de votos. Por esta razón, el peso de EE UU en esta organización ha ido decayendo. La aportación de Washington estimada en 70 millones de dólares anuales suponía el 22% de su presupuesto total. Tras retirar la financiación de la Unesco perdió en 2013 su derecho a voto, como se estipula en los estatutos.

La declaración de la ciudad de Hebrón como patrimonio mundial palestino en julio fue la gota que colmó el vaso. Esta decisión convirtió al casco antiguo de esta ciudad en el tercer sitio Patrimonio de la Humanidad, registrado como palestino por la Unesco. La embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, la republicana Nikki Haley, advirtió ya entonces que Washington examinaba su relación con la Unesco.

Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu felicitó a Trump por su decisión y anunció que también su país abandona la agencia. «La decisión del presidente Trump es valiente y responde a consideraciones morales, ya que Unesco se ha convertido en un teatro del absurdo que en lugar de preservar la historia, la distorsiona», dijo Netanyahu. A renglón seguido, el «premier» impartió «instrucciones a la cancillería, para preparar la salida de Israel de Unesco paralelamente a la de Estados Unidos». El embajador de Israel ante Unesco, Carmel Shama-Hacohen, dio ayer a entender que nadie debería estar sorprendido por esta salida. «Ya a comienzos de año advertí a la directora general y a numerosos embajadores ante Unesco, que la continuación de resoluciones anti israelíes podría llevar a que EE UU decida irse», declaró.

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