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La revolución desnuda

Alejandro Motta / Director general de Motta Focus. 

Tiempo de lectura 2 min.

05 de septiembre de 2017. 21:41h

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«La primera de todas las fuerzas es –no la de los cañones, no la de los tanques, no la de los bombarderos– sino la fuerza de la opinión pública», citaba años atrás Hugo Chávez al libertador Simón Bolívar. Siendo una tesis acertada, el Gobierno venezolano asume que la permanencia de la revolución también pasa por la conquista de una verdad, una verdad propia, suya: real o falsa, conveniente o no para los ciudadanos, pero suficiente para sostenerse en el poder. La violencia no se traduce simplemente en el uso de la fuerza física, sino también en la imposición de una verdad irreal. Ya no se trata de la violencia que sufriría el cuerpo, sino la violencia que hace a la conciencia su principal víctima. Dentro de la batalla comunicacional, la victoria se consigue con el posicionamiento de una matriz de opinión que termina siendo aceptada mayoritariamente. En este sentido, la revolución emplea dos tácticas: luchar por hegemonizar los espacios mediáticos y seguidamente, construir su propio lenguaje. Es decir, emplear todos los medios para que la opinión pública, no solamente legitime las leyendas y mitos de la cúpula revolucionaria, sino que lo haga con el lenguaje que los camaradas han impuesto en el diccionario chavista. Cuando esto ocurre, un torrente de mentiras invade lo más íntimo que tiene un ciudadano: su conciencia. Sin embargo, y aquí nos apoyamos en el ex presidente de la República Checa, Vaclav Havel: «Cuando se ahonda la crisis interna del sistema totalitario hasta el punto en que es evidente para todos, y cuando un número cada vez mayor de personas logra emplear su propio lenguaje y rechazar el lenguaje charlatán y mentiroso del poder, la libertad se encuentra sorprendentemente cerca, incluso a corto alcance. De repente salta a la vista que el rey está desnudo».

En otras palabras, los términos «guerra económica» y «bloqueo financiero» terminan por ser propiedad exclusiva de la revolución, no de los ciudadanos. A pesar de las tácticas comunicacionales del régimen, el 70% de los venezolanos considera que los únicos culpables de la escasez son Maduro y su minúscula cúpula. El fin de esta lucha se traduce en la liberación de las conciencias. A partir de allí, y en el caso venezolano, se comenzaría a desmontar el diccionario chavista, a reconstruir el país y a ver en el horizonte que la revolución está completamente desnuda.

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