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Kevin Spacey | «Puso su mano en mi entrepierna y me tocó el paquete»

El que fuera dios de Hollywood ha mostrado su cara más perversa. Está acusado de abusos a hombres. El actor dice que se someterá a tratamiento, pero eso no será suficiente. Ayer mismo, ocho trabajadores de la serie «House of Cards», que protagoniza, lo tildaban de «depredador sexual», mientras Scotland Yard abría investigación por otro acoso

  • El actor, en una imagen promocional de «House of Cards», en la que interpreta a Frank Underwood, un político sin escrúpulos
    El actor, en una imagen promocional de «House of Cards», en la que interpreta a Frank Underwood, un político sin escrúpulos

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05 de noviembre de 2017. 10:39h

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Julio Valdeón 4/11/2017

Histrión y mito. Ahijado espiritual de Jack Lemmon, que lo descubrió. Actor inconmensurable. Guionista. Director. Productor. Ganador de dos Oscar, por «Sospechosos habituales» y «American Beauty». El mejor imitador jamás conocido de James Stewart. Posiblemente el gran actor de su generación. El más críptico, camaleónico y frío, también el más versátil. Capaz de poner la piel de gallina con un parpadeo y de retratar todo el tedio helado del asesino maquiavélico en la húmeda Savannah, toda la ambigüedad y la turbulencia del policía corrupto y noble de Los Ángeles circa mil novecientos cincuenta y tantos mediante la depuración de un talento al alcance de los elegidos. Pues bien. El príncipe de los cómicos, el inigualable Kevin Spacey (South Orange, Nueva Jersey, 1958), difícilmente volverá al trono que ocupaba.

Primero fue Anthony Rapp, que lo acusó de haberle acosado sexualmente en 1986, cuando Rapp tenía 14 años y Spacey 26. En modo Reparación Inmediata de Daños, el intérprete de «House of Cards» respondió con un comunicado en el que aseguraba no recordar el incidente, se disculpaba en cualquier caso por el mal que hubiera podido causar y, de remate, hacía pública su homosexualidad. «Honestamente», dijo, «no recuerdo el encuentro, del que habrían pasado más de 30 años. Pero si hice lo que describe le debo mi más sincera disculpa por lo que habría sido un comportamiento de borracho profundamente inapropiado, y lo siento por los sentimientos que dice haber cargado durante todo este tiempo». Lejos de blindarle, la proclamación de su homosexualidad le explotó entre las manos: casi todo el mundo, y las primeras las organizaciones que defienden los derechos civiles, dieron por hecho que usaba la confesión para aguar el escándalo del presunto acoso.

Vejaciones

Y lo peor estaba por llegar. En apenas unos días se multiplicaron las historias de terror, con un Spacey a menudo ebrio que no habría dudado en propasarse con colegas y empleados. Generalmente situados en una posición de inferioridad. Asistentes de producción, etc. El siguiente en acusarle fue el actor mexicano Roberto Cavazos, que habría sido objeto de las vejaciones durante su estancia en el teatro Old Vic de Londres, del que Spacey fue director entre 2004 y 2015. «No recuerdo cuántas personas me contaron la misma historia», ha comentado Cavazos en su cuenta de Face- book, «Spacey te invitaría a conocerlo y “hablar sobre vuestras carreras” [y] cuando llegabas al teatro [Spacey] había colocado champán en el escenario, bellamente iluminado. Cada historia variaba en cuanto a la duración del picnic, pero la técnica era la misma. Lo más común era encontrarlo en el bar del teatro, agarrando a quien llamara su atención (...). Muchos de nosotros tenemos una historia de Kevin Spacey. Parece que el único requisito era ser un hombre menor de 30 años para que el señor Spacey se sintiera libre para tocarte. Era tan común que se convirtió en una broma local (de muy mal gusto)». Ayer, Scotland Yard confirmó que está investigando al actor por una denuncia en su contra de 2008.

El siguiente fue Tony Montana, director de cine independiente, al que Spacey habría abordado en un bar de Los Ángeles. «Puso su mano en mi entrepierna y me tocó el paquete», afirmó Montana sobre el encuentro. Añadan las denuncias de dos personas que de momento permanecen en el anonimato, entrevistadas respectivamente por la BBC y «Vulture», así como al menos ocho empleados y ex empleados de «House of Cards», y la lista comienza a marear. Entre estos figura un empleado de producción que ha explicado cómo durante un viaje junto al actor éste le tocó la entrepierna. «Me quedé en estado de shock. [Él] era un hombre en una posición muy poderosa en la serie y [yo] alguien que estaba muy por debajo en la cadena alimentaria».

De hecho, y respecto a la exitosa serie de Netflix, cabe añadir que la plataforma primero mantuvo un perfil bajo y, finalmente, actuó. Publicidad obliga. Ante la catarata de acusaciones, Netflix decidió poner fin al proyecto que había dado carta de naturaleza a sus aspiraciones de constituirse como productora de televisión. Incluso la agencia de artistas que representa a Spacey, CCA, que en un principio y en nombre del actor se limitó a explicar que su cliente buscaría asistencia profesional, le ha rescindido el contrato. «Spacey se está tomando el tiempo necesario para buscar evaluación y tratamiento», le habían comentado a la revista «Bussiness Insider», «No hay más información disponible en este momento». También su publicista, Staci Wolfe, daba por terminada su relación profesional. Y el teatro Old Vic ha abierto un correo electrónico para que denuncien otras posibles víctimas.

Spacey se ha transformado en apenas una semana en una suerte de monstruo contemporáneo al que nadie quiere saludar. Breado por tierra, mar y aire. Con unas posibilidades entre ínfimas y nulas de defenderse de unas historias que oscilan entre la extrema gravedad, sin ir más lejos, los adolescentes a los que supuestamente habría acosado, y lo resbaladizo, como esos treintañeros que se dicen traumatizados porque el actor se les insinuó en un bar. Así las cosas, está por ver si alguien acudirá al cine a ver los próximos trabajos de un actor con la reputación por las alcantarillas. O si estamos ante la muerte en vida, inaplazable y rotunda, de un Spacey al que posiblemente le costará encontrar nuevos papeles, si es que algún día encuentra alguno.

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