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168 millones de Cenicientas infantiles

El movimiento «Por ser niña», impulsado por la ONG Plan Internacional, reclama actuar contra el trabajo de menores, con chicas obligadas a servir en casas desde los cinco años

  • Escolares de dos colegios de Sevilla participaron en el acto que acogió el Parlamento andaluz
    Escolares de dos colegios de Sevilla participaron en el acto que acogió el Parlamento andaluz
Marta M. Reca.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de junio de 2017. 22:17h

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Marta M. Reca.  Sevilla. 7/6/2017

Son «invisibles» pese a ser millones y lo son fundamentalmente por ser niños y, sobre todo, niñas. Precisamente «Por ser niña» es el lema escogido por la ONG Plan Internacional para su campaña contra el trabajo infantil, cuyo día internacional se conmemora el 12 de junio, y sobre la que ayer el Parlamento acogió una jornada con escolares de dos colegios de Sevilla.

«Son en su mayoría niñas invisibles, Cenicientas a las que sus padres entregan muchas veces para pagar deudas», lamentó la directora de la entidad, Concha López. Los menores explotados se han reducido a la mitad desde el año dos mil, pero todavía hay 168 millones obligados a trabajar, aislándolos y alejándolos de la educación para enfrentarlos a una vida adulta en condiciones de semiesclavitud.También los niños afrontan éstas y otras actividades peligrosas, con daños para su salud, físicos y morales, pero en menor porcentaje –dos de cada tres son chicas–. «Vosotros pronto tendréis vacaciones, ellos no pueden tenerlas», resumió a los alumnos sobre la situación de esos otros niños.

Los cinco partidos políticos con representación parlamentaria y el presidente de la Cámara respaldaron a la ONG española, cuya trayectoria arrancó en 1937 amparando a pequeños que habían quedado huérfanos por la Guerra Civil, hace ochenta años. No quedan tan lejos las estampas de niños en el campo recogiendo las cosechas, faltando al colegio para recorrer kilómetros y llevar agua a casa, o de adolescentes empleadas en casas pudientes como internas para procurarse el sustento. A nivel mundial, el África subsahariana concentra a 59 millones de niños trabajadores y la región de Asia y el Pacífico a casi 78 millones; en América Latina y el Caribe, 13 millones de niños trabajan. Sus condiciones son extremas, con jornadas interminables y en muchos casos ni siquiera cobran por ello. Desde los cinco años sirven en casas –7,4 millones de niños no superan los 11 años– y el 65% son niñas, las peor paradas en cuanto a vulneración de derechos. Ellas son, además, obligadas a casarse –39.000 al día–, 62 millones no pueden ir la escuela, 140 millones han sido mutiladas genitalmente y el 90% de los países tienen leyes que limitan la igualdad económica de las mujeres, según Plan Internacional.

El acto de ayer sirvió para mostrar ésos y otros datos a un auditorio excepcional, aunque un tiempo excesivo se le fue a los políticos –a las y a los– en cuidar la corrección en el lenguaje que impera en sus discursos: todas y todos, vosotras y vosotros, vuestros profesores y profesoras... Cargaron de referencias grandilocuentes a los menores de quinto de primaria que asistieron en representación de los pequeños andaluces, pero solo les dieron la palabra un minuto en un acto de una hora. «Yo os digo que quiero dar voz a esas niñas que no saben que tienen derechos. Y a esas madres que no tienen otra opción que entregar a sus hijas», demandaron en nombre de sus compañeros dos chicas como cierre a la jornada, en la que pidieron también que «las niñas puedan decidir, aprender, liderar y prosperar». Palabras de mayores puestas en su boca. Un breve manifiesto que les dieron hecho, según confesaba una de las encargadas de leerlo, que decía no estar nerviosa por su intervención apelando a sus tablas como «actora (sic) de teatro infantil». Ningún adulto quiso saber qué pedían ellos. O qué opinaban sobre la coeducación –sentados como estaban naturalmente divididos ellos y ellas–. Los políticos les abrieron «su casa» y dejaron que los niños se acercaran a ellos, pero apenas los escucharon.

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