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Enrique Vila-Matas: «Todavía hay quien edita libros por placer»

Víctor Fernández. 

Tiempo de lectura 4 min.

24 de octubre de 2013. 00:51h

Comentada

Acaba de publicar «Fuera de aquí» (Galaxia Gutenberg), un libro de conversaciones con su traductor francés André Gabastou. ¿Cómo surge el proyecto?

– En 2009, André Gabastou me habla de hacer un libro de conversaciones por encargo de la editorial Argol. A lo largo de ese año, a través de e-mails, estructura el trabajo a partir de los libros que he escrito, prácticamente todos traducidos por él. Me encuentro que tengo más libros publicados en Francia que en España. Pido a mi agencia que me busque una traducción en este país y finalmente así ha surgido esta edición, en concepto parecida a la francesa. Incluyo estas fotos y textos donde, sobre todo en la edición española, es un guiño a la manera de leer de los navegantes en internet. Hay un distanciamento en lo biográfico y potencia lo textual. No quería que fuera autobombo.

– ¿«Fuera de aquí» es para su lector de siempre también sirve para quien se acerca por primera vez a su obra?

– Puede ser bastante útil a través del tiempo. Es un libro, salvando las distancias, parecido a los que a mí me han encantado desde que los leí de joven: «Conversaciones con Marcel Duchamp» –que se convirtió en mi Biblia en un momento determinado– y «Testamento», aquella obra de Gombrowicz con Dominique de Roux sobre la creación literaria. Posiblemente es mejor no haber leído nada mío para entrar en «Fuera de aquí». Al hablar un lenguaje tan franco, tan directo y de la calle me expreso con una claridad meridiana, a diferencia de otros libros, que despierta interés por el mundo que refleja la trayectoria de mi obra.

– En este libro dice que no se preocupa si Gabastou es su traductor.

– Lo conocí como traductor de Bernardo Atxaga quien le dijo que en Cataluña hay un tipo que no parece catalán, pero está muy loco. Cuando me conoció en un congreso de traductores, en Tarazona, confirmó, según él, que efectivamente era un catalán muy inestable. Empieza a traducirme y un día busca una frase de Paul Valéry que yo cito. Claro, Valéry es quien es en Francia. Por eso, hace una hora de espera bajo la lluvia frente a la Biblioteca Nacional, en París. Consigue entrar y pasa otra hora buscando la frase hasta que la encuentra. Descubre que de Valéry es la mitad y la otra es mía. Llegamos a un acuerdo: cuando encuentre una cita puede pensar que es inventada. Por otra parte, un día leyendo «Le Monde», encuentro una parrafada de una novela dentro de un texto. Pensé que era una maravilla y me pregunté qué novela podría ser. Era mía. Descubrí gracias a ese párrafo que ese hombre traduce muy bien. Es mejor que yo. Inventa tan bien las frases de las citas y se mueve con libertad.

– Hace referencia al viejo tema que surge en «Dublinesca» sobre la liquidación de la literatura. ¿Qué opina?

– Es cierto que hay grandes cambios y se continuarán produciendo, pero sobrevivirá como lo ha hecho siempre. Se confunde la crisis de «best-seller» con la de la literatura. Hay editores independientes en España que no aspiran a montar editoriales, como Anagrama, como ellos mismos han dicho, sino que se contentan con el placer de editar.

– ¿Cuándo tendrá su próxima novela?

– En marzo. Es un reportaje novelado de mis relaciones con la vanguardia. Se titula «Kassel no invita a la lógica». Trata de mi viaje y participación a la Documenta de Kassel y el recuento de todo lo que veo. Es un paseo, como «Locus Solus» de Raymond Roussel, de sitios extrañísimos, pero todos muy creativos. Es también el descubrimiento de que el arte contemporáneo más vivo estaba presente en Kassel, confundido con la vida y que pasa como la vida.

– ¿Este libro es también una herramienta para su futuro biógrafo o una manera de que no sea necesario biografiarle?

– No lo había pensado así. La mayoría de los libros que escribo son historias en las que me oculto. No me imagino siendo biografiado, aunque si pudiera leer el libro mejor. Me haría sentirme mayor. Seguramente el futuro biógrafo pensará que hay cosas que no son ciertas porque todo suena inventado, pero es real. No tengo interés en mentir.

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