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Ocho puñaladas terminaron con la vida de Arancha

  • La víctima, Arancha Ruano, en una imagen de Facebook
    La víctima, Arancha Ruano, en una imagen de Facebook
Laura L. Álvarez.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

26 de enero de 2014. 03:06h

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Puede que se hubieran conocido esa misma noche, que coincidieran «pillando» cocaína y, por la razón que sea, acabaron juntos en casa de él. Pero también cabe la posibilidad de que estuvieran liados, a pesar de que ambos tenían pareja, y la noche de pasión entre los dos amantes acabó en tragedia. Sin embargo, según los investigadores, la posibilidad de que se trate de un episodio de violencia de género va perdiendo peso a medida que transcurren las horas. El misterio y la incredulidad de sus allegados rodea el segundo caso de muerte violenta acaecido en la región en 2014. Ayer en la comisaría, donde se encontraban los familiares de ella, nadie se explicaba qué hacían juntos Arancha y Emiliano la noche del viernes, de qué se conocían, pero, sobre todo, qué ocurriría para que él la golpeara con brutalidad ya de madrugada y la acabara apuñalando, degollándola y dejándola morir desangrada. No quiso declarar ante los agentes del Grupo V de Homicidios pero sí se desprendió de algún comentario que se habían conocido esa misma noche en un poblado para conseguir estupefacientes, según fuentes policiales. Lo más cercano que hay por allí es un barrio dominicano en Alcobendas donde se puede adquirir todo tipo de droga; un poblado como tal, sólo podría ser el de Valdemingómez, hasta donde se llega en nada por la M-45.

Sea como fuere, allí estaban los dos. En casa de Emiliano Hernández Ortiz: el bajo B del número 1 de la calle Villanueva de San Sebastián de los Reyes. Sólo él, un hombre con varios antecedentes por hurto, robo con fuerza y apropiación indebida, entre otros, puede saber los motivos de la discusión, cuyo inicio tendría lugar entre las 2:00 y las 3:00 horas de la madrugada. Primero fueron golpes, muchos y muy fuertes en la cabeza, pero Emiliano, quizás bajo el efecto de las drogas, terminó cogiendo un cuchillo de la cocina y apuñalando a Aranzazu Ruano González, de 29 años y residente en Algete. Los tajos que le hizo en el cuello le provocaron una hemorragia que le hizo perder la vida prácticamente en minutos. Él, asustado por lo que había hecho, llamó por teléfono a su hermano Pedro. Serían alrededor de las cuatro de la madrugada. Le preguntaba de forma retórica qué iba a hacer, qué iba a pasar con su familia y le dijo que se iba de allí, que no iba a hacerse cargo de aquello. El hermano del homicida, con buen criterio, acudió inmediatamente al lugar para retener a su hermano, no sin antes avisar a la Policía de lo sucedido. Ya en el portal, algunos les escucharon discutir y forcejear a empujones porque golpearon sin darse cuenta las puertas de los vecinos del bajo. Sin embargo, Emiliano consiguió zafarse y huir. Cuando llegaron los efectivos policiales y los sanitarios del Summa se encontraron a Arancha ya fallecida, con politraumatismos faciales y con dos grandes y principales heridas en el cuello en medio de un importante charco de sangre, según un portavoz de Emergencias-Comunidad de Madrid. La joven, muy menudita, fue trasladada poco después al Anatómico Forense para practicarle la autopsia después de que el juez de guardia autorizara el levantamiento de su cadáver. Mientras, Emiliano merodeaba por la zona con las manos aún ensangrentadas. Los agentes dieron con él poco después y se lo llevaron detenido. Sin embargo, el estado del presunto homicida obligó a los policías a cumplir el protocolo y llevarle primero al hospital porque, al parecer, se encontraba bajo los efectos de las drogas y manifestó no encontrarse bien. Poco después, mientras los agentes de Homicidios y la Policía Científica se encontraban trabajando en el lugar del crimen, apareció Pilar Rico, la mujer de Emiliano, con quien tiene una hija de seis años llamada Sara. La noche del viernes la mujer, que trabaja de limpiadora en el portal donde viven y en otro centro, había salido después de dejar a su hija con su madre. Al llegar a su portal y verlo lleno de policías preguntó qué ocurría. Sin embargo, el lugar del crimen era su propia casa y su marido se encontraba detenido por haber matado allí mismo a una desconocida para ella. El estupor de la mujer era lógico. Llevaban viviendo allí unos ocho años y Sara llegó hace seis. No se llevaba muy bien con su marido, según los vecinos, que les escuchaban discutir a menudo por temas económicos. Emiliano llevaba bastante tiempo en paro, después de haber estado trabajando como chapista en Faorsa Talleres, en la avenida Somosierra de la localidad. Arancha, por su parte, vivió siempre en «Sanse». Estudió en el colegio Quinto Centenario y después en el IES Gonzalo Torrente Ballester. Actualmente trabajaba en una tienda de ropa y vivía en Algete. Tenía dos hermanos, una más mayor y un chico, que ayer no dejaba de darle vueltas a qué hacía su hermana en aquella casa.

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