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Caducidad

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05 de septiembre de 2017. 02:23h

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Independientemente de la discusión sobre la vía para que se pueda llevar a cabo, la limitación de mandatos para el presidente del Gobierno que propone Ciudadanos tiene la importancia que tiene, que es mucha o poca, según cómo se mire. A favor cuenta con el compromiso del PP en ese pacto de investidura – que Rajoy insiste en que está cumpliendo y que Rivera esgrime de cuando en cuando para demostrar que tenemos un presidente de palabra huidiza– y con el beneplácito del pueblo soberano que después de conocer y comprobar que el tejemaneje ha sido un deporte muy practicado en este país, es mayormente partidario de ponerle fecha de caducidad a cualquiera que toque poder. En contra, la propuesta de Ciudadanos se topa con la realidad: la limitación de mandatos no evita per se la corrupción ni impulsa la transparencia; no garantiza que se vaya a gobernar mejor; no ayuda a que quien sabe que no va a continuar, tome las mejores decisiones, como ya se pudo comprobar con Aznar y Zapatero. Como mucho le va a servir a Rivera para seguir alimentando su tesis de que Rajoy, y por ende todo el PP, carece de palabra y es un socio poco fiable porque no cumple lo que firma, que no es poco. Para que esta medida fuese realmente contundente a la hora de impedir clientelismos debería aplicarse a todo aquel que tiene un escaño – ¿los líderes de la oposición pueden eternizarse?– o cargo político remunerado, pero eso supondría dinamitar la experiencia, condenarnos a estar permanentemente en manos de novatos y un aumento notable de los fondos destinados a pagar «jubilaciones políticas». A Rivera no se le discute la intención, pero su propuesta no deja de ser una bengala en un castillo de fuegos artificiales; dicho lo cual, al PP, nadie le obligó a firmar lo que firmó y aun así lo hizo. Pues eso.

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