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Miedo

Tiempo de lectura 2 min.

28 de agosto de 2017. 23:14h

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Vivimos tiempos muy absurdos aunque, echando la vista atrás, debemos estar viviendo en bucle. Decía el premio Nobel de Literatura, Bertrand Russell que «el hecho de que una opinión haya estado muy difundida no es prueba alguna de que no sea totalmente absurda». Decir que no tenemos miedo cuando el terrorismo yihadista nos está matando en las calles es absurdo y, sobre todo, es mentira. Claro que tenemos miedo. Otra cosa es cómo reaccionemos ante él. Seguro que Ignacio Echeverría tenía miedo cuando se enfrentó a los terroristas en los atentados de Londres, pero ese miedo le impulsó a actuar con valentía y convertirse, desgraciadamente, en un héroe. No tener miedo cuando te van a matar es de tontos. Tenerlo y saber actuar en consecuencia es de inteligentes. Por eso, los terroristas no tienen miedo. Sólo hay que ver las imágenes de los yihadistas –no son «chicos» ni «jóvenes», son terroristas – en el área de servicio de la AP-7. Se reían, hablaban entre sí, estaban tranquilos, inmunes al miedo, al remordimiento por la muertes provocadas en Las Ramblas y las que planeaban en Cambrils. Sin miedo, comprando pan, tortillas, bebidas energéticas y mecheros. Ellos sí que no tienen miedo. No les preocupa, no son conscientes de la envergadura de lo que van a hacer, y si por error sus cerebros recuperan la actividad, les da exactamente igual. No les hace falta un hastag, ni salir en manifestación a la calle con pancartas, ni encender velas, ni pintar corazones en los rostros, ni plantarse en medio de una plaza regalando abrazos. Ellos no necesitan eslóganes ni palabras bonitas. Ellos pasan de palabras, ellos pasan a la acción. La ignorancia es peligrosa y la inconsciencia es temeraria. Claro que tenemos miedo y pobre de nosotros como dejemos de tenerlo. Es nuestra mejor arma para vencerles. En palabras de Shakespeare, obliguemos a los terroristas a tener miedo de nuestro miedo, ese miedo que nos hará fuertes para derrotarles. Otra cosa es cómo lo gestionemos. Una de las mejores maneras de hacerlo es con la valentía del humor como sucedió con la reacción tuitera sobre el yihadista apodado El Cordobés, el hijo de la Tomasa. Nos da miedo, pero lo afrontamos.

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