domingo, 25 junio 2017
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Toros

Bienvenidos a la gran fiesta fallera

  • López Simón indulta un toro de Domingo Hernández, El Juli corta tres orejas y Talavante firma una gran tarde en la última de Fallas

El Juli (d), que cortó tres orejas, y Lopez Simón (i) que cortó dos a su segundo toro, indultado, junto al mayoral de la ganadería Domino Hernandez, salen a hombros de la Plaza de Toros de València.
El Juli (d), que cortó tres orejas, y Lopez Simón (i) que cortó dos a su segundo toro, indultado, junto al mayoral de la ganadería Domino Hernandez, salen a hombros de la Plaza de Toros de València.
EFE/ Juan Carlos Cárdenas

Valencia. Undécima de la feria de Fallas. Se lidiaron toros de Garcigrande, 1º y 5º, y el resto de Domingo Hernández, bien presentados. El 1º, con movilidad y repetición, repone; el 2º, de buen juego pero poca duración; el 3º, noble y de buen juego con el fondo justo; el 4º, irregular y gazapón, con muchos matices, premiado con la vuelta al ruedo inexplicablemente; el 5º, con movilidad pero incierto; y el 6º, indultado. Lleno en los tendidos.

► El Juli, de azul y oro, estocada desprendida (oreja); estocada, descabello (dos orejas).

► Talavante, de verde hoja y oro, pinchazo y estocada corta, descabello (saludos); cuatro pinchazos, aviso, descabello (silencio).

► López Simón, de fucsia y oro, dos pinchazos, media, aviso, tres descabellos (saludos); dos orejas simbólicas.

Era toro a la medida de la cabeza de El Juli. De la cabeza privilegiada de El Juli. Irregular en las embestidas, gazapón, andarín, con ese punto molesto. A veces se quedaba un punto por dentro y otras pasaba de largo, con mil teclas que tocar pero sin dejar claro cuál era el señuelo del camino. Se notaba que era reto para El Juli e hizo partícipe al público. Pasó de una primera parte de faena de búsqueda, de probar los vuelos, las distancias, los tiempos, la salida de la embestida... Le cambió los terrenos al animal y desde entonces fue el punto de inflexión de la faena. Poco a poco, de uno en uno, le fue metiendo en el engaño, conquistándole al natural, tirando de cintura, meciéndole, convenciéndole. Al toro y al público. Se volcó con la espada y tras la estocada cayó el doble trofeo. Y ante el estupor una vuelta al ruedo al toro que nos dejó atónitos tratándose de una plaza de máxima categoría. Dicen. Enrareció la celebración del triunfo del torero madrileño que había paseado uno más del primero, con el que tuvo buen comienzo de faena con la rodilla en tierra y un buen cierre con la mano derecha en dos tandas poderosas tras salvar las irregularidades, del toro y la faena.

A la verónica echó los vuelos del capote Talavante con mucha suavidad al segundo, aunque pasó desapercibido. Hubo que esperar. Quizá fue el cartucho del pescado. El desafío en mitad del ruedo. Con la muleta plegada en la mano zurda cuando condensó de pronto el interés del público y de ahí a unos doblones, no una tanda de naturales que era lo que habíamos previsto. Se desplazó el toro, con movilidad, alegría y repetición. Y lo que duró duró, que no fue mucho pero lo aprovechó Talavante resuelto, torero a izquierdas, gobierno y torería por ese pitón capaz de hacer una revolución. Cuando el toro bajó las armas, se arrebató en las cercanías, muy cerca de los pitones, controlados los tiempos, aplicó lo exacto en cada pasaje. Impecable Talavante.

Le marcó el quinto a Talavante al tercer muletazo en el muslo. No fue la última vez, sólo la primera. Acudía el toro con prontitud, pero alocado, como sin orden, sin entrega en la muleta. Aguantar ese envite no era fácil y Talavante pasó el trance con absoluta pureza y normalidad, como si el toro se hubiera comportado con nobleza impoluta en todas sus embestidas. Valor del bueno. Atroz. La espada no fue. El resto había ido de sobra.

Se movió más el tercero de López Simón y este echó leña a la hoguera. De rodillas los comienzos y sorpresas en los cierres de tandas, arrucinas, remates... Fue vibrante la faena más cimentada en lo accesorio que en lo fundamental. “Pasmoso” vino a cambiarlo todo. Fue el toro de la tarde y de la feria. Repetidor incansable, inagotable, noble y con codicia. Tanto fue así que logró el indulto, a mi juicio exagerado. Fue un gran toro, pero también es cierto que salió desentendido de la suerte al final y quizá menos entregado en las embestidas. Eso sí la plaza fue un manicomio. Su matador, López Simón se acopló a todos y cada uno de sus viajes, y lo hizo en un palmo de terreno. A derechas, al natural, en los remates, circulares, faena ideal para tomar impulso a principio de temporada. Habíamos asistido a la gran fiesta fallera. La cremá se acercaba. Y se olía.

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