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La isla de la Escarcha, la cuarta maravilla natural de China
V. Escribano. 
El extraordinario paisaje ha hecho que la isla de la Escarcha se gane un puesto entre las conocidas como cuatro maravillas naturales de China.
El extraordinario paisaje ha hecho que la isla de la Escarcha se gane un puesto entre las conocidas como cuatro maravillas naturales de China.

Los árboles de la isla de Wusongdao, conocida como la isla de la Escarcha, atraen cada invierno a decenas de miles de visitantes que admiran la blanca escarcha que los cubre, pese a las temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. Informa Víctor Escribano/Efe

En los meses de invierno, gran parte del curso del río Songhua, uno de los principales del noreste de China, se congela. Sin embargo, las aguas que rodean a esta isla de seis kilómetros cuadrados continúan fluyendo debido a la cercanía de una central hidroeléctrica, que aumenta sus temperaturas hasta los 4 grados.

Los vapores del río se unen al gélido ambiente y provocan que en las ramas de los árboles cercanos se genere una capa de escarcha de color blanco que maravilla a los turistas que acuden a este lugar, que comenzó a atraer la atención a nivel nacional a mediados de los años ochenta.

El extraordinario paisaje ha hecho que la isla de la Escarcha se gane un puesto entre las conocidas como cuatro maravillas naturales de China, junto a lugares como los bosques de piedra de Yunnan (sur), las tres gargantas del río Yangtsé (centro) y las montañas del río Li, cerca de Guilin (sur).

A algo más de una hora y media en autobús de la ciudad de Jilin, la segunda más importante de la provincia homónima, esta isla, conocida en chino como Wusongdao, ha activado la economía de las aldeas colindantes, en las que algunos de sus habitantes han encontrado en el turismo una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida.

De hecho, en pueblos como Hantun, situado muy cerca de la isla, han comenzado a aflorar los restaurantes y las posadas, que ofrecen a los viajeros experiencias tradicionales como la de dormir en una cama kang, cuyo colchón se coloca sobre una estructura hueca de ladrillo en la que se introduce carbón para calentarla.

Los duros inviernos, con nevadas constantes y temperaturas máximas que no superan los cero grados, dificultaban la vida de los campesinos. La mayoría de ellos, que no han cambiado la labranza por el turismo, sigue acumulando gran cantidad de mazorcas de maíz en enormes cajas metálicas.

Otros, sin embargo, han sabido adaptar las tradiciones locales para sacar rédito de la visita de los miles de aventureros y aficionados de la fotografía. La cetrería, costumbre centenaria de los manchúes -la minoría étnica más populosa de China-, se ha convertido en una de las atracciones turísticas de la zona.

En el pasado, los manchúes utilizaron aves rapaces como compañeras de caza, mientras que hoy son poco más que un reclamo para conseguir unos cuantos yuanes (moneda local) a cambio de una foto.

Sin embargo, las visitas a la isla de la Escarcha no pueden extenderse demasiado: el frío extremo congela por igual flequillos y barbas, que adquieren el mismo tono blanco que cubre las ramas de los árboles.

"Había estado muchas veces en la nieve", explica a Efe Mateo, un colombiano residente en Pekín, y asegura que "nunca había visto un paisaje tan único y original".

De todos modos, esta preciosa estampa no es completamente natural: la citada central hidroeléctrica de la presa de Fengman, que comenzó a construirse en 1937 durante la ocupación japonesa, está detrás del fenómeno.

Sin embargo, los turistas chinos consideran que la intervención de esta planta en el proceso de formación de la escarcha no hace que sea menos natural. "Hay muchas otras centrales eléctricas en zonas del norte y solo podemos ver la maravillosa escarcha en Jilin", explica Zhang, uno de los visitantes.

Lo cierto es que la isla de la Escarcha se mantiene como uno de los principales destinos invernales de China, y se ha convertido en uno de los motores que tiran del turismo de la región de Jilin, que lleva celebrando la llegada de la escarcha desde hace veinticinco años.

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