Reflexiones de un joven pensador

Estoy con los jóvenes que queremos ser personas libres y comprometidas, capaces de tomar decisiones y expresar nuestras opiniones con espíritu crítico, negándonos a participar en lo que sea para ser aceptados y abriendo nuevos caminos. Defiendo la diversidad, la singularidad y la igualdad educativa.

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Algo estamos haciendo mal

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Sobre el autor

Álvaro Cabo

14 años. Escritor, Blogger y conferenciante. Colaborador en Prensa, Radio y Televisión. A los 10 años irrumpió en el mundo de la actualidad con su blog “Mi país a través de mis ojos”; a los 11 años publicó su libro “Ser inteligente no es un delito” y desde los 12 imparte un Ciclo de Conferencias denominado “Tu éxito está en tu esfuerzo”. Ha sido reconocido como talento Marca España 2016 y es miembro de la Red Mundial de Conferencistas y de la Cámara Internacional de Emprendedores. Aficionado a la novela histórica, marketing, actualidad política, económica y social; futbolero y practicando artes marciales casi desde que empezó a andar. alvarocabo.com

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Estamos en la Era de la Globalización y de las Comunicaciones. Se supone que tanto avance debería ser positivo para la sociedad en general, porque nos hace la vida más fácil, más cómoda, en incluso más divertida. Pero en mi opinión, tanto avance en las comunicaciones está suponiendo un absurdo retroceso en las relaciones humanas. En muchos casos la gente se siente sola teniendo a millones de personas a su alcance a través de las redes sociales, aunque por desgracia estas últimas están llegando a ser un caldo de cultivo para los insultos, vejaciones, estafas y malos tratos psicológicos sin ni siquiera dar la cara.

Las televisiones están invadidas por personas sin fundamento y vendedores de humo que ganan una pasta, que hablan y hablan y nos lo creemos todo a “pies juntillas”. Manipulan nuestra opinión diariamente obligándonos a pensar y a dar importancia a lo que ellos quieren, cuando quieren y como quieren.

Decía Séneca que “no hay viento bueno para quien no sabe a dónde va”. La sociedad está claramente enfermando, a la vez que avanzamos tecnológicamente, des-avanzamos en valores, en sentido común, en espíritu crítico, en tolerancia o en respeto al prójimo.

Leyendo los periódicos, me encuentro continuamente con noticias espeluznantes. Personas que desaparecen y no son capaces de saber dónde se encuentran, padres que maltratan o directamente matan a sus hijos, ex-maridos que matan a sus ex-mujeres porque no soportan que les dejen, madres que abandonan a recién nacidos en contenedores, novios que maltratan a sus novias, jóvenes e incluso niños que maltratan a sus padres, abuelos, compañeros de clase, parejas, niños que se quitan la vida porque no han podido soportar el bullying al que estaban sometidos en sus colegios, menores de edad que mueren por comas etílicos, continuos casos de corrupción por parte de cualquier partido político, robos, violencia en las aulas, alijos de droga, cientos de personas pasando hambre. Y todo esto en nuestro país “desarrollado”.

Se ha perdido el sentido de lo normal, nos interesa más lo que pueda opinar de nosotros una persona por las redes sociales que no nos conoce de nada, que lo que te pueda decir un familiar o un amigo. Vamos por la calle como autómatas conectados a nuestros móviles y solo reaccionamos si alguien nos dice algo desde otro dispositivo.

Somos intolerantes con lo que no nos encaja y no le damos ni la más mínima oportunidad a lo que nos parece diferente. Somos expertos en la ley del mínimo esfuerzo, cultivamos los músculos de los brazos, hombros, abdominales, piernas... Es decir, cultivamos los músculos y, sin embargo, dejamos que nos cultiven el cerebro

Tenemos un problema: hay mucha gente que pasa de todo, y otros no se molestan en aprender, pero sí en poner la zancadilla a los les viene en gana. Los jóvenes necesitamos modelos ejemplares a seguir, y estos últimamente brillan por su ausencia.

La única manera de frenar las noticias escalofriantes de los medios de comunicación es pararnos en seco y mirar dentro de nosotros. El materialismo solo nos lleva a una vida falsa, vacía, intolerante e infeliz. ¿Saben que el 8% de los niños españoles son adictos al juego online?

Siento ser tan poco positivo, pero como sigamos así, cualquier día -no muy lejano- abriremos el periódico y encontraremos normal todo lo malo que ocurre. Entonces ya no habrá remedio.

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