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Maruja Mallo: La artista que leía a Platón

Guillermo de Osma reúne en Madrid óleos, dibujos y bocetos de la artista en «Orden y creación», algunos de ellos presentados por primera vez en público junto con algunas misivas de su epistolario. Es la cara más reflexiva y estudiosa, la menos conocida, de una mujer excesiva y transgresora

Gema Pajares.  Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

12 de septiembre de 2017. 01:19h

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Ana María Gómez González fue una mujer menuda, corta de estatura. De lo único. Había nacido en Viveiro, provincia de Lugo, en 1902 (falleció en Madrid en 1995). Y lo había logrado con inquietudes artísticas. Ella acabaría haciendo la maleta con su familia y trasladándose a Madrid a formarse en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los años veinte del siglo XX. Ana María devino en María y por apellido utilizó Mallo, el segundo de su padre. La chica pequeña solo de estatura iba a convertirse en una de las voces más autorizadas de una generación de artistas femeninas que en España dieron mucho que hablar. Fue coetánea, por ejemplo, de Ángeles Santos, nacida en 1911, una pintora tampoco de gran tamaño pero de inmensa altura artística también. Qué monumentales ambas y qué endiabladamente distintas: Maruja tan abierta al mundo y Ángeles tan ensimismada en el suyo, de ensoñaciones y presentes temerosos.

Guillermo de Osma, que conoce a Mallo mejor que aquellos que se han jactado de decir que alternaban con ella y la frecuentaban, inaugura temporada con una muestra excepcional, «Orden y creación», que reúne óleos, dibujos, bocetos y su archivo (la galería conserva más de 200 dibujos del legado de la artista en depósito), y que estará abierta hasta el 10 de noviembre. El objetivo del galerista, que lleva trabajando en el catálogo razonado desde hace varios años y que espera tener acabado el año que viene, presenta en esta muestra, comisariada junto con Juan Pérez de Ayala una cara distinta de la pintora porque de ella se ha escrito con sonoros titulares sobre su humor, su exhibicionismo, sus amores. Ella era la vanguardia andante, la extravagancia hecha mujer, el rostro más surrealistamente maquillado, al modo japonés, y los ojos enmarcados con un desmesurado rabillo negro. ¿Pero era así realmente Maruja Mallo? Era y no era, pues junto a esa imagen ampliamente difundida, estereotipada quizá, coexiste la de una artista absolutamente concentrada en su trabajo, minuciosísima a la hora de pintar. «Una mujer preocupada por su obra, que se toma el tiempo que cree necesario para acabar un cuadro. No tiene prisa. Fíjate que su producción es bastante corta en cuanto a pintura, ya que no hay más de 130 obras hablando de los cuadros de la primera época, cuando Maruja no es todavía Maruja. Y no hay más. Después existen bocetos, papeles, dibujos, sí, pero para quien trabajó casi sesenta años es una producción reducida. Es longeva pero se demoraba en pintar, maduraba cada obra y es en ese punto donde hemos incidido y lo que vamos a mostrar», explica De Osma, quien añade que «es un buen momento para profundizar en su manera de trabajar. Ella no pinta como lo hacía Sorolla, tomando los pinceles y marchando a la playa, es bastante más racional en ese aspecto de su vida». Transgresora, moderna, avanzada y provocadora pero de una impresionante seriedad en la parte artística. Es una y se desdobla en dos.

Estamos ante la tercera muestra sobre la creadora que sale de la mano de De Osma, tras la celebrada en 1992, «una exposición con ambición de antológica», y la de 2002, centrada en la serie de naturalezas vivas. «Esta tercera quiere poner el énfasis en el bagaje que tiene y explicar por qué es una pintora diez y por qué tarda en producir obra. En muchos de los escritos que nos ha legado leemos que toma notas, estudia y lee mientras prepara un cuadro, que tiene afán por conocer», señala el galerista. Y es que junto a esa mujer rodeada siempre de una cohorte de personajes que formaban un cinturón entorno a ella en exposiciones de arte, donde su voz destacaba y sus chistes y sonoras risas retumbaban, vive otra que leía a Platón (son constates en sus escritos las alusiones a los «Diálogos»), estudiosa, cultivada, una «sinsombrero» de la época, «aunque resulta mucho más sexy hablar de la Maruja rompedora que de la mujer que leía y guardaba su mundo interior. Es demasiado llamativa su figura pública, tanto que ha tapado la otra vertiente, la reflexiva e intelectual. El estudio para ella era fundamental. Le dedica muchas horas. No es cierto que estuviera todo el día en la calle dando guerra», matiza De Osma.

En paradero desconocido

De las paredes de la galería colgarán obras tan emblemáticas como «Estampa cinemática» (1927), «Escaparate», de 1928, «Mensaje del mar», fechada en 1937, «Racimo de uvas», las inéditas «Estampa» (1927), o «Máscaras en Diagonal», de 1951, que se hallaba en paradero desconocido hasta ahora. Será un momento único para poder descubrir primero y contemplar de cerca después un conjunto sobresaliente de bocetos al óleo relacionados con sus «Cabezas» o «Retratos bidimensionales» y sus «Máscaras», prácticamente desconocidos hasta la fecha. Algunos de los dibujos que se expondrán han sido restaurados para la exposición, «obras de enorme calidad que sostienen el bagaje intelectual de la artista», apunta el galerista, extremo en que insiste Pérez de Ayala en el catálogo: su afán de «investigar, leer, escribir, analizar, dibujar, estudiar sobre los más variados y diferentes temas. Todo en Maruja es una constante elevación matemáticamente programada y estudiada», escribe.

Junto a las piezas más descubrimientos y alegrías, ya que se podrá acceder a la correspondencia que mantuvo con Jorge Oteyza, a quien conoció en Buenos Aires en 1948. Cuando el escultor regresa a España es el momento en que arranca su relación epistolar, con una misiva fechada el 15 de enero de 1949. Hablan en sus cartas de exposiciones, del mercado del arte o de filosofía, de temas personales como el dinero, que fascinaba a la artista, de las amistades. Le anima a que siga con su obra: «Tengo gran fe en ti y que saldrás hacia adelante», y le escribe: «Tú debes hacer tus estatuas, tu escultura que es tu vocación y tu vida». La letra de Maruja es redonda y legible y escribe en pequeños párrafos. Se despide con un abrazo y le manda recuerdos de su cocinera (cuyas cenas de sabor vasco degustaba con entusiasmo el escultor). También le hace llegar mate («que me dijeron que te gusta» por medio de Dorita Ruiz, bailarina de la compañía de Pilar López.

Otra de las cartas que se recogen es la enviada a la viuda de Gómez de la Serna, Luisa Safovich, en 1966. Mallo se explaya y le describe la fascinación y el ritmo incansable que lleva desde su regreso a España. No hay fiesta a la que no sea invitada o encuentro que no presida. Se la requiere en inauguraciones y ella se deja querer: «Desde que llegué no me han dejado parar de invitaciones, fuimos a Salamanca, Toledo, Escorial, Alcalá de Henares, así alterno la vida con la vocación, la actividad social es atroz. La Nochebuena fui invitada a una gran fiesta de los Medinaceli, el caviar Malossol, con vodka, los mariscos del Yucatán alternaron con los faisanes de la Almoraima...», y prosigue: «El fin de año fui invitada al Castellana Hilton Hotel a una fantástica fiesta en sus enormes salones, bares y cabarets. Múltiples nacionalidades asistieron. Las joyas y abrigos de visón alternaron con los trajes de deporte de los patinadores que llegaban de la Sierra. ¡¡¡El mundo convertido en una gran ciudad!!!”. Y el día de Reyes, más diversión. Escribe como un torrente, puntúa sin orden ni concierto. Da cuenta de los estrenos teatrales y cinematográficos: de «Lawrence de Arabia» a «Operación Trueno», interpretada por Sean Connery y Claudine Auger, «sorprendentes de técnica, ultra cinéticas donde se conjuga el cálculo y la velocidad. Empieza a gustarme el cine yo, tan anti cinética!!!», exclama.

El trabajo para reunir esta exposición de museo ha sido complicado. «No ha resultado fácil pero mereció la pena. Los bocetos los teníamos pero nunca antes los habíamos mostrado y los hemos recuperado». Lo mismo ha sucedido con otras obras que hablan de la vida moderna que también se verán por vez primera. «De todo lo expuesto bastantes son préstamos, es lo más potente, de ahí que la exposición prácticamente no tenga caracter comercial», asegura el galerista.¿Hay mucho falso de Maruja Mallo? La respuesta es «sí, claro. Cuando un artista empieza a tener un mercado surgen y ella no es una excepción. De ahí que sea absolutamente fundamental que concluyamos esta catálogo razonado de su obra pictórica, que si todo marcha bien estará cerrado en 2018. Hemos manejado una gran cantidad de documentación pero estamos convencidos de que muy pronto va a ver la luz», asegura. Y para que el trabajo pudiera seguir adelante el galerista subraya lo fundamental que ha sido la dotación del Premio de la Fundación Arte y Mecenazgo de la Obra Social «La Caixa», que se le concedió en 2016 por su trayectoria. ¿Se aparta de los cauces propios de una galería una exposición de estas características? «El galerista debe de vez en cuando hacer cosas que se salgan de la estricta actividad comercial. Yo siempre lo he defendido. Me parece fundamental potenciar ese lado de mi trabajo», concluye.

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