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Roberto Saviano: «Vi mi primer muerto a los 12 años»

Vive escondido por retratar a la camorra en sus libros pero, a pesar de estar «enjaulado», sigue desentrañando a la mafia «por venganza y obsesión» en su nueva novela, «La banda de los niños».

  • Roberto Saviano
    Roberto Saviano
Ángeles López. 

Tiempo de lectura 8 min.

12 de septiembre de 2017. 23:52h

Comentada

Desde que escribiera «Gomorra», hace ya 10 años, Roberto Saviano vive bajo la protección de cinco escoltas. Come, duerme, pasea y presenta sus libros junto a ellos. Su gran pecado fue contarle al mundo cómo operaba la mafia e intentar impedir que todos mirásemos hacia otro lado. Todavía hoy se lamenta, al tiempo que no puede dejar de escribir sobre el tema. En la novela «La banda de los niños» (Anagrama) aborda de nuevo los entresijos de la camorra napolitana alertándonos de que ahora son los niños el nuevo brazo armado del crimen organizado. Bajo la atenta mirada de la Policía, hablamos con el autor a quien las amenazas de muerte no le han robado el sentido del humor.

–¿Cómo ha sido la transición de la no ficción a la novela?

–Quería entrar dentro de los personajes para contar una historia real, al tiempo que deseaba inspirar a la realidad, no sólo trazar un mapa de ella. En los otros libros necesitaba mostrar pruebas y esta vez la prueba es la narración, la emoción, el dolor, la rabia, el asco... El lector debe confiar en el escritor.

–Sus protagonistas son niños. ¿Uno de 15 años ha perdido la inocencia como para matar, traficar...?

–Quieren tomar atajos, y la cocaína es como un cajero automático para pagar sus caprichos, las chicas, ser respetados... Dicho esto, hay lugares donde la inocencia no tiene cabida. Yo vi mi primer muerto siendo un niño de 12 años. Es el entorno. Pura y simplemente: el entorno.

–Es dolorosa la metáfora de los niños pescados como «peces» cuando se dejan deslumbrar por la falsa «luz».

–Esos críos 2.0 terminan muertos porque la luz les conduce hacia la perdición. Creen ir al sol, como los peces cuando son pescados con la engañosa luminaria de los barcos... pero eso les conduce al final seguro. «Paranza» es una palabra española, que ya no se utiliza aquí, pero en Nápoles sí. Hablo de niños dispuestos a dejarse la vida como los yihadistas. Eso me removió las tripas. Esos niños, con desprecio, te dicen: «Vosotros solo pensáis en la jubilación, y nosotros ganamos, porque no esperamos a eso. El dinero lo ganamos ya, más que vosotros en toda vuestra vida, y los gastamos ya». Pocos alcanzan los 25 años.

–Como le sucede a uno de sus protagonistas...

–Ese chico, cuando cumplió 18 años, dijo en las redes sociales: «Felicitadme porque no llegaré a los 21»... y lo mataron a los 19.

–¿Es verdad que los camorristas usan las mismas palabras que sus personajes, se peinan igual que ellos y se miran en el espejo de sus novelas?

–Igual es una burla o es que son muy previsibles. El caso es que leen mucho en las cárceles sobre el tema. Al Chapo Guzmán le pillaron con mi libro «CeroCeroCero» ¡firmado! Y me trajo problemas en México... No obstante, se miran más en las series y en las películas, y juegan a parecerse. Yo, al menos, intento crear personajes con los que nadie pueda sintonizar ni empatizar. Que no haya ninguna compasión hacia ellos. Me acusan de fomentar el fenómeno, pero entonces, ¿Coppola o Scorsese deberían callarse? ¡Por Dios! También dicen que destruyo la imagen de Italia.

–En estos años su vida ha cambiado mucho, ¿también lo ha hecho la de la Camorra?

–Bastante, se ha convertido en más líquida. En España, por ejemplo... es casi invisible. En los años ochenta fue más visible, pero tampoco la visteis. En Italia es más evidente todo, y ahora el poder lo han tomado los críos. Para colmo, las redes sociales le han dado más velocidad y altavoz al crimen organizado.

–Usted ya tiene una guadaña sobre sí. ¿Es más libre que el resto de los escritores porque ya no pueden hacerle nada peor?

–Ufff. Yo me siento impotente, castrado, el más esposado de todos los escritores.

–¿Siente que le han ganado?

–Solo me queda la palabra, pero está cargada de su veneno. Un poco sí han ganado. He resucitado, pero a una vida enjaulada. Estoy rendido aunque no me quitarán la palabra. Es el único arma que sé empuñar. Y mi rostro es la única opción para visibilizarlo.

–A Salman Rushdie se le retiró la «fatwa». ¿Cree que podrá verse libre algún día?

–Gracias a él vivo en Estados Unidos y somos muy amigos, pero no olvides que no le han retirado la «fatwa» porque es imposible, se ha suavizado. Él sigue viviendo con toda la precaución del mundo.

–Muchos se preguntarán por qué sigue hablando del tema.

–Por venganza, así de sencillo. Por la ambición de pensar que escribiendo puedo cambiar las cosas. También por obsesión.

–Y miedo, ¿lo siente?

–Tengo miedo de seguir viviendo así.

–¿Va a Nápoles de incógnito?

–¿Para qué? Me odia todo el mundo. Los de derechas, los de izquierdas, los mafiosos, los amedrentados por la camorra, ¡todos! «¿Por qué hablas de Nápoles?», «es una ciudad bellísima», «eso ya se sabe, no hay que removerlo», «lo haces para ganar dinero»...

–¿Y si intentara desaparecer un tiempo...?

–Lo he intentado. Me propusieron una nueva vida alejado de todo, en Islandia, pero con la condición de que no escribiera más sobre el tema. Pero si desaparezco, ¿quién tratará esto?

–¿Ha pensado escribir sobre el ISIS?

–Sí, porque el fanatismo es el nexo que une al yihadismo y la mafia. Y quizá sería mi fin. Aunque yo estoy condenado por ser napolitano. De haber nacido en Madrid no estaría así.

–Las mujeres, las madres de la mafia, ¿juegan un papel importante en los clanes?

–¡Tienen un gran poder! Son menos «sangrientas» pero deciden quién debe morir. También las mujeres de la sociedad civil tienen mucha responsabilidad: educan a sus hijos para que sean ganadores, hombres de éxito. Ser ganador en este mundo te convierte en un bastardo, un animal. Esos niños le gritan al mundo: «Somos exactamente como vosotros queríais que fuésemos», y al tiempo son culpables inocentes.

–¿Y cómo sabe tanto de la mafia actual, si vive entre escolta y apartado de las calles?

–Tengo mis recursos (risas) La policía me cuenta cosas, tengo acceso al material judicial y de los tribunales... Poseo información privilegiada. La escena de humillación con el que abro el libro me la contó un policía. No estoy en la calle pero tengo ojos en la calle.

–Habrá hablado con españoles amenazados por ETA, supongo...

–Sí, sí. Con Garzón, por ejemplo, y me han dado algunos consejos sobre cómo vivir. Y por supuesto, Salman. Ellos me han enseñado a ser un poco más libre.

–¿Qué autores españoles lee?

–Cercas, Marías, Savater... Y me fascina Miguel Hernández. Sigo la narrativa española.

–¿La realidad de nuestro país le da para una novela?

–Llevo tres años intentado escribirla, pero cuento una España que vosotros no veis.

–Y también tiene una novela gráfica a punto de salir.

–Sí, sí, el diseñador es Asaf Hanuka y está basada en la película de animación «Vals con Bashir».

–Desde su encierro, ¿ve muchas series y muchas pelis?

–Además de «Breaking Bad», que me encantó, me ha gustado mucho «Rectify». Corta pero fascinante.

–¿Volverá a entrar en internet para comprar una casa en Nápoles?

–(Sonrisa de melancolía). Lo hago muchas veces. La busco, llamo... pero no hago nada. Es literalmente imposible que yo pueda regresar a casa.

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