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Marc Márquez: Y los Reyes Magos le trajeron una moto

A los cuatro años todo empezó con aquel regalo. A los diez, decía en una entrevista en Catalunya Radio: «Prefiero ver una carrera antes que los dibujos animados».

  • Márquez besa el trofeo de campeón del mundo que recibió en la habitual gala de fin de temporada en Valencia
    Márquez besa el trofeo de campeón del mundo que recibió en la habitual gala de fin de temporada en Valencia

Tiempo de lectura 4 min.

14 de noviembre de 2017. 01:10h

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José Manuel Martín Cheste. 14/11/2017

El «paddock» altera sus costumbres el día después de decidir al campeón. La noche del final de temporada da paso a una mañana silenciosa en el circuito, que cambia el madrugón habitual por un despertar lento a primera hora de la tarde. Tiene el sabor de la primera jornada de vacaciones, aunque ya hoy comienza la pretemporada de 2018. Ayer hubo una tregua en Cheste con los motores apagados. Si acaso, alguna reunión de planificación, pero después de comer. Antes, ya avisó Márquez, que si le buscaban no le iban a encontrar. Era necesaria una pequeña pausa tras hacer historia a los 24 años.

Es tan joven que asusta mirar hacia lo que le espera y todo el margen que tiene para aumentar su palmarés, pero ya tiene edad para echar un vistazo hacia atrás y sentir cómo ha pasado el tiempo para aquel chico al que con cuatro años los Reyes Magos le dejaron en su casa de Cervera la primera moto. Con diez, hace 14, ya daba entrevistas, porque estaba entre los deportistas más prometedores de su pueblo. Allí se fue Catalunya Radio, a hablar con un niño que ni se imagina cuánto anticipaba el futuro. «Tengo clarísimo que quiero ser piloto de motos. Me gusta apurar las frenadas y hacer el paso por curva muy rápido», avisaba en una especie de precuela de lo que ahora son esas salvadas marca de la casa cuando la caída parece inevitable.

Ya tenía pasión por un deporte al que se había acercado gracias a su padre. Juliá ayudaba los fines de semana en el club motociclista Segre y allí fue donde sus dos hijos se enamoraron de la velocidad. «La máxima que alcanzo en un circuito son 140 kilómetros por hora. Y no, no tengo miedo, para nada. Siempre intento adelantar, a veces me sale y otras me caigo», admitía en una frase que confirma que el estilo Márquez, con el que ha sido campeón de MotoGP por cuarta vez, no es un invento nuevo. Ya lo llevaba dentro cuando todavía el colegio ocupaba la mayor parte de su tiempo y los fines de semana los pasaba quemando gasolina. Como a todos los niños de su edad, le gustaban los dibujos animados, pero si tenía que elegir qué ver en la televisión mientras merendaba... «Las motos me gustan más, prefiero ver las carreras antes que los dibujos animados», decía a la radio autonómica catalana en 2003. Sus modelos a seguir entonces eran Toni Elías y Dani Pedrosa, «porque hacen muy bien las carreras y ganan siempre». Ahora el ídolo es él y no sólo por lo que hace encima de la moto. Livio Suppo, «Team principal» de HRC, anunció ayer que deja el cargo y confirmó que Márquez sigue siendo el mismo al que fichó cuando todavía era piloto de Moto2. «El dinero, la fama, los títulos... Nada le ha cambiado y eso es extraordinario», confesaba.

Del karaoke a Valencia

Hace poco más de un año, Márquez tuvo la primera bola de título en Japón. La carambola era tan complicada que ni él confiaba en que sería en Motegi donde cerraría de forma matemática el campeonato. Necesitaba ganar, que Lorenzo no subiera al podio y que Rossi acabara más allá del decimocuarto puesto. No parecía fácil, pero las dos Yamaha se fueron al suelo, Marc ganó y se proclamó campeón. Como ni él mismo esperaba que fuera allí, había pocas cosas preparadas, aunque no faltó la fiesta en un karaoke cerca del aeropuerto de Narita. Un lugar sin nada especial, pero que ya está unido a su trayectoria. La regularidad de Dovizioso ha hecho que en 2017 el desenlace llegue hasta Valencia. No hubo karaoke japonés en esta ocasión, aunque sí que volvió a cantar el «93». La prueba está en un vídeo que colgó en su cuenta de Instagram, ya después de la habitual gala de entrega de premios de la Federación Internacional de Motociclismo y de la cena con su familia y el equipo, que en su caso es prácticamente lo mismo.

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