lunes, 29 mayo 2017
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España

La base de España en Irak duplica su tamaño

  • Un equipo de 70 ingenieros mejora las condiciones de vida en la «Gran Capitán», que podrá albergar a unos 300 militares más.

En la primera imagen, la base al inicio del despliegue español. En la segunda, estado actual
En la primera imagen, la base al inicio del despliegue español. En la segunda, estado actual

Aunque su labor no es de las más conocidas –ni reconocidas–, los ingenieros fueron los primeros militares españoles que llegaron a Irak en enero de 2015. Pero su misión, aunque vital, era totalmente distinta a la de los boinas verdes y legionarios que se desplegarían poco después para adiestrar al Ejército iraquí: tenían que construir la base en la que iban a vivir. Prácticamente de la nada levantaron un acuartelamiento en unas antiguas y destartaladas instalaciones, con construcciones de madera, dentro del mayor campo de maniobras del país. Eran 45.000 metros cuadrados que se bautizaron como base «Gran Capitán» y en la que las condiciones eran más que austeras: tiendas de campaña, sin apenas suministro eléctrico o sin sistema de evacuación de aguas. Poco a poco fue adecuándose a las necesidades del despliegue y ahora, con el aumento del contingente español, los efectivos del Mando de Ingenieros llevan varios meses trabajando en la ampliación de la base, la cual ha doblado su tamaño hasta los 90.000 metros cuadrados.

A finales del pasado mes de octubre, un equipo de 70 efectivos del Regimiento de Especialidades de Ingenieros nº11 de Salamanca se desplazó hasta la localidad iraquí de Besmayah para «mejorar las condiciones de vida de todo el personal y los servicios de la base», explica el jefe de la unidad, comandante Luis Illana Rollano, quien recuerda que cuando arrancó el despliegue español hace dos años, «los legionarios estaban muy apretados, y cuando empezaron a llegar británicos o portugueses, todavía más».

Y es que el contingente español rondaba hasta hace poco los 315 efectivos (a día de hoy son ya unos 427 sólo en Besmayah), a los que había que sumar, de media, 40 portugueses, 30 británicos, 15 americanos... Apenas cabían 400 personas, pero con la reciente ampliación del contingente español (125 militares y 25 guardias civiles más) la base se quedaba pequeña y era necesaria una reforma. El objetivo: «Que pueda albergar a unas 700 personas» y, sobre todo, «que a partir de abril nadie duerma en tiendas de campaña», asegura el comandante Illana, quien explica que, al mismo tiempo, se hace «una ordenación más lógica». «Al principio, todas las zonas (vida, logística, trabajo...) estaban muy pegadas, pero te arreglas con lo que hay».

Una de las prioridades era la de «construir una zona de vida específica en base a contenedores (conocidos como corimec)», separada del resto de áreas, pero también se mejoraron los servicios y se construyeron otros nuevos. «Se ha construido un sistema de abastecimiento de agua a través de unos depósitos, una red eléctrica autónoma, un sistema de drenaje para evacuar el agua de la lluvia (ya se inundó en alguna ocasión), se ha mejorado la red de saneamiento...». Hasta se ha tenido que construir una nueva helisuperficie, pues al ir expandiéndose se «comieron» el antiguo helipuerto.

Tanta novedad ha implicado más superficie para la base, por lo que ha sido necesario ampliar el perímetro y, de paso, mejorar las medidas de seguridad «con nuevos vallados más altos y más seguros», explica el jefe de la unidad.

Desde el primer día «trabajamos desde que amanece hasta que se pone el sol», siempre supervisados y protegidos por el equipo de seguridad, entre los que se encuentran los regulares de Melilla, recién llegados a Irak. Ese trabajo sin descanso ha permitido que la base se convierta en una especie de «urbanización que crece rápido» y, a día de hoy, el comandante no duda en definirla como «una pequeña ciudad con todos los servicios necesarios». Cuentan con comedor, lavandería, gimnasio, locutorio, capilla, tienda, cafetería, pistas de deporte... Eso sí, aunque reconoce que «las condiciones son aún austeras», han conseguido «que toda la base funcione poco a poco mejor». Al igual que las zonas de trabajo, donde, por ejemplo, se ha adecuado un área logística diferenciada para instalar todos los medios necesarios para el despliegue. «Hay más orden».

Su misión, en principio, tiene que concluir a finales de abril o principios de mayo. Aún quedan algunas decenas de militares en tiendas de campaña, pero el comandante Illana y su equipo confían en que para esa fecha «todo el personal pueda vivir en los contenedores».

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