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PP y Ciudadanos preparan un acto por el primer aniversario del acuerdo

Equipos de ambos partidos estudian cómo convertirlo también en el arranque del nuevo curso

  • Rajoy y Rivera comparecen ante los medios en agosto del año pasado cuando rubricaron el pacto entre sus dos formaciones
    Rajoy y Rivera comparecen ante los medios en agosto del año pasado cuando rubricaron el pacto entre sus dos formaciones / C. Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

14 de agosto de 2017. 03:31h

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La noticia no es que se cumpla un año del acuerdo de investidura que rubricaron el pasado agosto Mariano Rajoy y Albert Rivera después de meses de bloqueo institucional, con un Gobierno en funciones, tras tenerse que repetir las elecciones generales. La noticia es que arranca otro año de relación ¿de conveniencia? entre populares y naranjas, y con retos decisivos todavía por delante. El más cardinal de ellos, sin duda, es mantener el nivel de compromiso mutuo para que la alianza continúe. Porque la responsabilidad y sentido de Estado que han demostrado estos meses ambos líderes ha sido determinante a la hora de obrar el milagro de calmar a sus respectivas formaciones políticas cuando sonaban internamente cánticos de guerra. Estos días, equipos de los dos partidos estudian celebrar un acto por el aniversario del acuerdo que sirva de arranque al nuevo curso político.

PP y Ciudadanos tienen en su haber el desbloqueo de una España que parecía abocada a unas terceras elecciones en apenas semanas. Ambas formaciones coinciden en muchos aspectos, aunque tampoco son pocas las cuestiones que les separan, sobre todo cuando se trata de las formas de afrontar la vida política. Los de Rajoy y Rivera tienen una afinada sintonía en materia económica. En este campo pocos obstáculos van a encontrar para llegar a pactos. El PP se siente cómodo con las reformas y la agenda económica planteada por Cs y el programa, a veces aparentemente a empujones, se va cumpliendo. Aquí no hay mayor conflicto. Populares y naranjas han conseguido sacar adelante más del 20% de las medidas acordadas en tan sólo este primer periodo de sesiones, incluida la Ley Presupuestaria de 2017. Ahora les queda por delante el reto de cerrar un nuevo acuerdo que permita aprobar las cuentas públicas de 2018.

Sin embargo, sí ha habido desencuentros sonoros en asuntos relacionados con la llamada regeneración democrática. En este capítulo las divergencias han sido notables. Es lógico recordar ahora que algunos casos pasados de corrupción han provocado roces importantes, incluso amagos de ruptura de pactos autonómicos. Caso significativo es el de Madrid, donde Cristina Cifuentes ha tenido que soportar ácidas críticas por la «operación Lezo», pese a haber sido ella misma quien denunciase los hechos en Fiscalía. Pero el momento más dramático de las relaciones entre el Partido Popular y Ciudadanos se produjo con la imputación del presidente murciano, Pedro Antonio Sánchez, y su forzada dimisión. Mariano Rajoy tuvo que escuchar entonces en su partido demasiados cantos de sirena que clamaban «vendetta» contra Albert Rivera. Eso sí, el presidente del PP guardó la calma y espero a que las aguas volvieran a su cauce tras semanas de dureza inusitada entre partidos aliados.

En este segundo año que echa andar, Ciudadanos quiere poner en marcha sus propuestas regeneradoras estrella. Y presiona al Gobierno con ellas: limitación de mandatos y supresión de aforamientos. Son los compromisos más complicados de cristalizar. En privado, aunque sin esconderse demasiado, destacados dirigentes populares afean la «ansiedad» de los de Rivera y su obsesión por «vender regeneración» a toda costa. En no pocos dirigentes de Génova impera la idea de que se debe acceder a las reformas regeneradoras, claro, pero que éstas deben plantearse con plazos «más sosegados». Los de Rivera, por su parte, no desean «demoras injustificadas» y basan su diligencia en los compromisos con sus electores y en la «urgencia» que manifiestan los españoles para que la clase política tome medidas que sanen las imperfecciones del sistema. Tampoco debe olvidarse que Cs sigue necesitando marcar distancias con el PP para continuar pescando en el caladero de sus votos.

Otra piedra en el camino será la intención de Ciudadanos de que se debata su proposición para regular la maternidad subrogada. Ésta es una cuestión que levanta ampollas en no pocos sectores del PP. Desde luego no entra en los planes de los de Rajoy abrir la puerta sin más al proyecto. Y para ello cuenta en esta ocasión con la ayuda de PSOE y Podemos, contrarios a algo que sus fieles identifican con «vientres de alquiler» de mujeres necesitadas de «vender» niños a familias ricas. Así que al PP le va a tocar trastear el asunto apoyado en los escaños de la izquierda parlamentaria.

Pero si algo va a marcar la política española los próximos meses va a ser el desafío independentista en Cataluña. Y en esto PP y Ciudadanos están unidos. La relación entre Rajoy y Rivera por lo que respecta a la «agenda catalana» no tiene fisuras. En todo caso, algún ligero matiz en cuanto al tono de comunicar el rechazo al proceso secesionista, lógico en dos fuerzas políticas distintas y con líderes catalanes tan diferentes en sus modos como Xavi García-Albiol e Inés Arrimadas. Contrastes, por otro lado, que no impiden escenificar en todo momento una férrea armonía frente al ilegal referéndum independentista y en defensa de la soberanía española.

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