domingo, 22 enero 2017
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Qué haces criatura

Además de abrirme los ojos, me ha angustiado la lectura del magnífico artículo de Gloria Lomana «¿Dónde está Zerolo? II», publicado en este mi periódico el pasado 24 de julio. Sucédeme lo mismo que a Gloria. Meses acumulados de silencio por parte de Zerolo y de inquietud por la mía. Su única aparición pública fue en la cosa del Orgullo Gay. Pero no participó en la Carrera de Tacones, que es lo más en esos días. Ni recortes económicos y sociales, ni lapidaciones, ni fallecimientos por huelga de hambre de presos en Cuba, ni deportaciones carcelarias, ni derechos humanos arrasados, ni salarios destruidos. Zerolo no está. No se puede poner. Está reunido. Es el Secretario de Los Movimientos Sociales, y lleva unos cuantos meses cobrando de todos los españoles sin dar con un palo al agua. Gloria Lomana asegura que ha sido visto en Viena, conllevando pancarta reivindicativa-social con mensaje en alemán. Algo es algo. Pero se me antoja poco para las expectativas y las ilusiones que hemos depositado en él los amantes del amor sin fronteras. Lo decía una tía abuela mía cuando llamaba a sus sobrinos nietos y éstos no daban señales de vida. «¿Qué haces, criatura? ¿Dónde te has metido? Si no apareces inmediatamente te quedas sin tu peseta». No era generosa, pero se preocupaba por los suyos.

Y yo a Zerolo lo considero muy mío. Pero que muy mío. Son ya muchos los años de pancarta permanente en los periódicos y las cadenas de televisión. Y uno termina por encariñarse con los rostros y los gestos.  Sospecha Gloria Lomana que lo de Aminatu le dejó exhausto y anda en período de recuperación. Quizá por ello, su sorprendente aparición vienesa. Para mí, que Zerolo nos ha ocultado durante años que veía de niño la serie «Heidi» y harto de los maricas recalcitrantes y de toda la vida de España, y de las lesbianas que se sienten discriminadas con su gestión, y de los que le aseguran que van a salir del armario y se quedan en el armario, y de todas las decepciones que ha soportado con posterioridad a su gran labor con Aminatu, Zerolo se nos ha marchado a Centroeuropa a buscar a Pedro, porque lo de Heidi es para despistar. Y me parece muy bien que lo haga, pero que lo diga. Lo que no es presentable es que llamemos un día sí y otro también a la Secretaría de Movimientos Sociales y al Ayuntamiento de Madrid y nos digan que no está. Tengo un problema que debo resolver con urgencia y sólo Zerolo me puede orientar, y no se me pone al teléfono. De Viena habrá viajado a las verdes montañas de Baviera, y a ver quién es el guapo y el listo que lo encuentra mientras él, a su vez, busca a Pedro, lo que no es fácil, porque rebaños de cabras y ovejas en Baviera abundan en estos meses de estío, y para colmo, Pedro ha debido de cumplir los noventa y siete años, y el susto puede ser grande si al final lo localiza. Porque Pedro, y hora es ya de decirlo sin prudencias ni rodeos, era «gay» cuando conoció a Heidi, con la que nada intentó en sus escapadas a las cumbres, y en mi opinión, con sobrados motivos, porque Heidi, como ya he escrito en anteriores ocasiones, era bastante sucia. La única persona que le enseñó las ventajas del aseo diario fue la pobre señorita Rottenmeyer, y miren como acabó, odiada por todo el mundo, Zerolo incluido. ¿Nadie le ha dicho a Zerolo que Pedro no está para nada? ¿Para qué le sirve tanto personal a sus órdenes, y tantísimo dinero, y tantísima gaita?

Gloria no va más allá de Viena.  Y tenemos que encontrar a Zerolo, que está callado, escondido y quizá, asustado. Echarlo del trabajo no lo van a hacer, pero no está dando muy buena imagen. Y yo, como mi tía abuela: «¿Dónde estás criatura?». Porque con Aminatu, les aseguro que no. Terminó harto.

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