jueves, 17 agosto 2017
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Víctor del Árbol: «No olvidamos ni perdonamos nunca»

  • Con firma propia
    Profesión: escritor. Nació: en 1968, en Barcelona. Por qué está aquí: presenta ahora su novela «La tristeza del samurái» (Alrevés)

–«La tristeza del samurái». Alguien pensará que va de guerreros japoneses.
–Es una metáfora sobre lo que somos y lo que creemos ser. Hay un niño que quiere ser samurái, sí, pero no sabe qué es ser samurái.

–Le haré las preguntas que usted se hace: ¿qué puede hacerse por amor?
–Las cosas más heroicas y más miserables.

–¿Y por odio o sed de venganza?
–Todo. Odiar es malgastar la vida, porque el odio es estéril.

–¿Existe la redención, el perdón y el olvido?
–Sólo te puedes redimir tú mismo. No olvidamos ni perdonamos nunca.

–¿Podemos llegar a ser aquello que una vez soñamos?
–Claro. Si somos capaces de vernos como somos y aceptamos nuestras limitaciones.

–Tiene de madrina a María Dueñas, que elogia y presenta su novela...
–La editorial le envió la novela y me quedé sorprendido de que le gustara y aceptara presentarla. Es muy sencilla.

–Dice la Dueñas: «Una novela magnífica que nos recuerda que el mal y el ayer nunca cierran del todo la puerta». ¿Nunca?
–Nunca. Los conflictos siempre vuelven a surgir.

–Habla de la culpa que se transmite de generación en generación...
–Se heredan los odios, las frustraciones, los delitos, las deudas... Todo eso también forma parte de las herencias familiares.

–Es escritor gracias a que su madre le dejaba en una biblioteca cuando se iba a trabajar...
–Por eso y por la soledad. La soledad me ha hecho escritor. La necesidad de llenar esa soledad.

–También es mosso d'esquadra. Una vez me dijo que para ayudar a los demás. Y escritor, ¿para qué?
–Para ayudarme a mí mismo, para entenderme. Estoy en ello.

–¿Dejaría de ser mosso si tuviera éxito?
–Sin dudarlo. Ése es mi sueño. Soy policía circunstancial.

–Decía Bolaño que hubiera preferido ser detective de homicidios que escritor...
–Lo dijo porque no era detective de homicidios. Queda bien como frase.

–Dijo también que no había nada más cercano a la prostitución que el ejercicio de la literatura...
–No estoy de acuerdo. Mejor dicho, no quiero estarlo. Creo que eso depende mucho de la opción de cada uno.

–Y luego está lo difícil que se ha puesto encontrar esquina propia...

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