jueves, 22 junio 2017
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    OPINIÓN

    Alfonso Ussía
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Corrida de mala Prensa

  • - Las Ventas. Corrida de la Prensa. Fuera de abono. Se lidiaron toros de, por orden de lidia, La Quinta, Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Victoriano del Río, El Ventorrillo y Toros de Cortés, desiguales de presentación y juego. Lleno de «no hay billetes».
    - El Juli, de azulón y oro, tres pinchazos, media, aviso, cinco descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada, dos descabellos (silencio).
    - Miguel Ángel Perera, de de azulón y oro, estocada (silencio); pinchazo, casi entera, descabello (silencio).
    - Cayetano, de verde y oro, dos pinchazos, estocada que hace guardia, descabello (silencio); pinchazo, estocada baja (silencio).

La polémica estaba servida desde antes de empezar. Mucho antes, hasta las 48 horas, cuando los veterinarios se las tuvieron que ver con el baile de corrales. Éste no, y éste tampoco. Lo solucionaron a última hora a fuerza de traer toros y más toros. Y aún así la duda sobrevolaba Madrid minutos antes de comenzar. No es buen invento éste de que las figuras se traigan los toros. La tarde dio motivos, argumentos para la desidia. Y parte del público se cebó. Era el día X a la hora Y. Corrida de la Prensa, para más inri. Y reunión de figuras. El Juli, Perera y Cayetano, al que se le espera como el que más aunque sólo sea para arrearle. La final de la Champions League. Decepcionó la corrida, los veedores, los toreros en mayúsculas y hasta el público se fue de madre. Es verdad que había razones, pero este espectáculo merece, aunque sólo sea por la sangre derramada que ya hemos visto, respeto. Una vez muerto el toro, griten, piten y saquen una bandera si quieren con su defensa, que es verdad que esta plaza toca con la yema de los dedos el esperpento.

Con buen pie empezábamos la tarde. La jugada maestra que distancia a El Juli del pelotón: anunciarse con un toro de La Quinta, después de la polémica. Sólo que el de La Quinta resultó noble a rabiar, suavón en el trazo y tirando a sosote. Nos rompió los esquemas. Resquebrajado el espíritu de ver al Juli poderoso, nos tuvimos que conformar con verle templado, muy templado, no hizo presa del engaño el toro en ningún momento, ligado y ajustado en la reunión. Hubo una tanda que llegó al público, tres o cuatro derechazos cosidos a uno de pecho que apostaba por llevar al toro más y más. La estética faena se desmoronó con la espada. ¿Qué le pasó ayer a El Juli con los aceros? Todo hueso vio.

Volvió a escena en cuarto lugar. El toro de Victoriano del Río se antojaba sosote en la arrancada y sin acabar de rematar. La voluntad quedaba escasa para tratarse de una figura. Madrid quería más.

No lo encontramos en los cuatro toros más que saltaron, o asaltaron, el ruedo de Las Ventas. Qué ruina. Perera se trajo un segundo de Núñez del Cuvillo, que sacó tan pocas fuerzas que hacía mella en su ánimo de embestir. El extremeño no anduvo en el camino que se le esperaba. Se embarrulló por momentos, se atascó con el toro y desdibujado acabó el trasteo cuando se puso al natural, muy poco natural. Sin ideas ni sitio, ni frescura para recobrarlas en algún momento.

El quinto de El Ventorrillo estaba justo, sí, pero quería ir. Y fue protestando, a su aire, pero se dejaba hacer. Perera luchó con él mismo entre la firmeza y esa vertiente que parecía no poder redimir de descomponerse. Afectado con el claro ambiente a la contra que teníamos desde que comenzó. Nada hizo para quitar razones a las protestas y por el tendido subió el calor, mejor dicho, cabreo.

Cayetano pisaba la plaza de Madrid por segunda vez en toda su vida. Nadie le recordará para bien por lo que hizo ayer. Lo mejor, cómo encaró el primer muletazo del de Domingo Hernández, tercero de la tarde, cuando se le vino veloz. Con un estatuario firme inició. Parecía... No sé tal vez ¿disposición? Resultó un espejismo que se dio de bruces con la realidad. Perdón, nos dimos los casi 24.000 espectadores que llenamos la Monumental. Cabeceó el toro y no hubo muleta de Cayetano para gobernar, ni para apuntar y ni tan siquiera para aparentar, porque el toreo tan por fuera y con tan poca verdad, pone en evidencia el más básico manual.

El sexto de Cortés no apretaba porque no podía, pero dejaba estar. Sólo que para estar, lo fundamental es querer y a Cayetano se le nubló la afición, y la fe. Cómo la tendrían los que pagaron por ver.

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