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El líder popular ofrece de nuevo su apoyo al PSE para materializar el cambio en el País Vasco

La euforia en el PP hace que hasta los críticos valoren el éxito de Rajoy

Carmen Morodo. 

Tiempo de lectura 4 min.

03 de marzo de 2009. 00:57h

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Carmen Morodo.  3/3/2009

Elecciones 1-m ¿ la valoración del pp madrid- Euforia sin contención. Y con la vista ya puesta en las elecciones europeas. El PP parecía ayer instalado en una especie de nirvana del que milagrosamente habían desaparecido todos los nubarrones que hace sólo unos días se cernían, con malos augurios, sobre el partido. Espejismo o no, el tiempo lo dirá, porque en política todo es muy cambiante. Pero el hecho incuestionable es que a día de hoy los resultados en las elecciones gallegas y vascas son valorados muy positivamente por todos en el PP. Incluso por los más críticos con el «marianismo» y con su estrategia de oposición. Desde ese sector también se reconoce el «éxito» electoral y, por ende, de Mariano Rajoy, así como que lo ocurrido el domingo favorece indudablemente la unidad interna. Hoy volverá a haber representación de cierre de filas en la reunión del Comité Ejecutivo que se celebra en Madrid. Todo el PP mantiene que el resultado de las urnas es casi el mejor con el que podía haber soñado Rajoy en campaña y «el peor» para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Distintos dirigentes consultados comparten la teoría de que en Galicia no sólo ha ganado el PP, sino que «ha ganado muy bien», es decir, con una alta participación y con una buena implantación urbana y entre los jóvenes. Y se frotan las manos porque Zapatero se enfrenta a la «bofetada» del resultado gallego, que inevitablemente se lee como un primer impacto de la gestión de la crisis económica, y, al tiempo, su victoria vasca le coloca ante «una difícil coyuntura con consecuencias para su estabilidad nacional». Más allá de los análisis puramente partidistas y de los comentarios de pasillo, la plana mayor del PP compitió en reivindicaciones del liderazgo de Rajoy. Paradojas de la política. Hasta el domingo el lastre del presidente nacional del PP era, precisamente, su falta de autoridad y de liderazgo. Ayer, sin embargo, era unánime y entusiasta el aplauso a su carisma. «Sólo un perfecto imbécil puede ahora decir que Rajoy no es el líder ideal en este momento», sentenciaba Manuel Fraga, a quien se le recuerdan cantos sucesorios a la figura del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, su niño mimado dentro del partido. Gallardón no se quedó atrás en las loas. Por cierto, al alcalde se le puede y se le debe reconocer su cuota de participación en el triunfo de Feijóo en estas elecciones, porque se ha implicado hasta las cejas en la campaña gallega. Ayer recordó que Rajoy fue el «responsable directo del cambio y de la modernidad que hoy son señas» del PP. «La decisión de Valencia [por el Congreso Nacional] y las demás que se han adoptado han sido un acierto», añadió. También la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, reconoció que Rajoy sale fortalecido con los resultados del domingo. Aguirre no ha estado ni en Galicia ni en el País Vasco durante la campaña, pero no es momento de salirse del guión del cierre de filas. Por eso, cuando se intentó hurgar en esa herida, ella se limitó a subrayar el esfuerzo del PP de Madrid en apoyar con voluntarios a la organización regional vasca. Entretanto, el alabado Rajoy se dio el «paseillo» por Galicia y por el País Vasco. Le acompañó una delegación del comité de dirección de su partido: la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y los tres vicesecretarios, Ana Mato, Javier Arenas y Esteban González Pons. «En momentos difíciles, se demuestra que el PP es un partido muy especial», proclamó en su tierra, desde donde tendió la mano al PSE para certificar el «cambio» en el País Vasco. Gesto que reiteraría cuando horas más tarde se hizo la foto con Antonio Basagoiti. «¡Ya era hora!» Ese «cambio» que pase página al régimen nacionalista debe tener como cimientos, según explicó, la Constitución, el Estatuto de Guernica, la libertad de educación, la derrota de ETA y afrontar la crisis económica para crear puestos de trabajo. «Queremos el cambio, hoy es posible, y en lo que de nosotros dependa ahí estaremos. Le decimos a todos, a los que han votado PP y a los demás, que somos serios», añadió. El jefe de la oposición ha entrado en un momento dulce, después de tanto meses de sabor amargo. De momento, puede dar por aparcado el debate de la sucesión y por desactivadas las voces que cuestionan su equipo y su estrategia. Quizás por eso ayer cayó en un sentimentalismo casi poético. «Ha sido una victoria hermosa», aseguró con Feijóo a su lado. Hermosa o no, la primera incuestionable desde que se hizo con la presidencia del partido. Quizás por eso le salió un «¡ya era hora!» cuando el escrutinio confirmó en la noche del domingo los resultados. Hasta cuándo durará este momento dulce, quién lo sabe.

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