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Nobel de la Paz a la transición tunecina

El comité noruego reconoce el papel «decisivo» del Cuarteto para el diálogo nacional tras la Primavera Árabe en 2011

  • La presidenta de la patronal Unión Tunecina Wided Bouchamaoui , el Secretario General de la Unión General Tunecina del Trabajo , Houcine Abassi, el presidente de la Liga Tunecina de Derechos Humanos Abdessattar ben Moussa y el presidente de la Asociación Nacional de Abogados , Mohamed Fadhel Mahmoud
    La presidenta de la patronal Unión Tunecina Wided Bouchamaoui , el Secretario General de la Unión General Tunecina del Trabajo , Houcine Abassi, el presidente de la Liga Tunecina de Derechos Humanos Abdessattar ben Moussa y el presidente de la Asociación Nacional de Abogados , Mohamed Fadhel Mahmoud
Ethel Bonet.  Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2015. 03:30h

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Si bien el largo «otoño árabe» ha prevalecido a su «Primavera» que dio cierta luz a los países árabes en el primer trimestre de 2011, Túnez ha sido el ejemplo de una verdadera transición política tras la derrota del dictador Zine El Abidine Ben Ali. El Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez recibió ayer el Nobel de la Paz por «su decisiva contribución a la construcción de una democracia pluralista en Túnez en el despertar de la Revolución de los Jazmines», entre 2010-2011, reconoció el Comité noruego del Nobel. El Cuarteto Nacional de Diálogo está conformado por el Sindicato General de Trabajo de Túnez (UGTT por sus siglas en francés), la Confederación de Industria, Comercio y Artesanías (UTICA), la Liga de Derechos Humanos de Túnez (LTDH) y la Orden de Abogados de Túnez. «Es un premio que corona más de dos años de esfuerzos desplegados por el cuarteto cuando el país estaba en peligro desde todos los frentes», dijo emocionado Hucine Abasi, secretario general del sindicato UGTT.

«Estoy contento», declaró Abasi, antes de agregar que «este premio llegó en el momento adecuado, ya que nuestro país todavía está amenazado por diferentes problemas de seguridad».

El pequeño país norteafricano es el único de la región que lucha duramente por construir una democracia, implicando a una serie de fuerzas políticas y sociales en un diálogo para elaborar una Constitución, formar una legislatura y crear instituciones democráticas.

Tras las protestas pacíficas que llevaron a la salida de Ben Ali en enero de 2011, el Gobierno tunecino quedó en manos del partido islamista Ennahda que absorbió posiciones dentro del país. En agosto de 2012, miles de personas salieron a las calles para protestar contra el proyecto islamista que, entre otras cosas, quería eliminar la plena igualdad entre mujeres y hombres, garantizado en la Constitución de 1956, y deshacer una tradición política secular que los franceses dejó atrás. La reacción contra Ennahda fue en paralelo con los acontecimientos en Egipto, donde enormes manifestaciones llevaron a un golpe militar en 2013 contra el Gobierno islamista del presidente Mohamed Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes.

La polarización política en Túnez llegó a su punto más alto con los asesinatos del líder opositor Chokri Belaid, en febrero de 2013, y del político progresista Mohamed Brahmi, en julio de ese año. Sus muertes desencadenaron una serie de protestas y actos de violencia a lo largo de Túnez, lo que evidenció la falta de diálogo entre el Gobierno representado por Ennahda y la oposición de orientación laica. Túnez se hundía en una grave crisis política, y la sombra de un golpe de Estado se proyectaba sobre el país, tal como había sucedido ese mismo verano en Egipto.

Fue en ese momento cuando nació el Cuarteto, con la idea de acercar las partes y destrabar el proceso iniciado a principios de 2011. Su mediación fue clave para rescatar la transición y recuperar el consenso. Ennahda aceptó abandonar el poder para dejar paso a un Gobierno tecnocrático encargado de pilotar el país hasta las elecciones legislativas y presidenciales de 2014. Finalmente, el 24 de enero, los representantes del pueblo tunecino aprobaron con un consenso prácticamente absoluto la nueva Carta Magna, todo un hito en el mundo árabe. Aunque Túnez ha experimentado mucha menos violencia que la vecinas Libia, Egipto y Siria, su transición política se ha visto obstaculizada, en ocasiones, por episodios de violencia, especialmente por ataques de extremistas islámicos. En marzo, unas 22 personas, principalmente turistas, murieron en un atentado contra el principal museo del país, el Bardo, en la capital. En junio, otro atentado contra un complejo turístico en la playa en Sousse causó la muerte de 38 personas.

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