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Brigitte Macron: Más «chic» y menos «charme»

Aunque sigue marcando estilo y se ha convertido en un icono de moda, la esposa del presidente divide a los galos y pierde encanto

  • A través de su mujer, Emmanuel Macron ha podido mostrar un lado agradable, una historia apasionante y atractiva que ha contribuido notablemente a aumentar su popularidad
    A través de su mujer, Emmanuel Macron ha podido mostrar un lado agradable, una historia apasionante y atractiva que ha contribuido notablemente a aumentar su popularidad / AP
Carlos Herranz. 

Tiempo de lectura 5 min.

11 de agosto de 2017. 23:57h

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Carlos Herranz.  11/8/2017

Si hay dos cosas que dividen a Francia en dos mitades iguales, esas son cocinar con mantequilla o aceite de oliva y amar o detestar a París y a los parisinos. A estas dicotomías recurrentes en cualquier charla acalorada de barra de bar se acaba de sumar, gracias en buena parte al efecto viral de las redes sociales, el gran debate del verano en tierras galas: qué hacer con la primera dama. El protagonismo meteórico del presidente Emmanuel Macron, que cumple tan solo tres meses en El Elíseo, sólo se ha visto eclipsado por una persona. La que comparte su vida.

Su historia de amor de estudiante adolescente y profesora 24 años mayor dio la vuelta al mundo, fascinando a las revistas de todo el planeta, y catapultó el interés que despierta Brigitte Macron. Casi nadie en Francia niega la inteligencia y la empatía que desprende la esposa del presidente, pero su protagonismo se considera excesivo para algunos y modélicamente institucional, además de atractivo, para otros. Una diversidad de opiniones que se convierten en la nueva cuestión que divide en dos al público galo, muy acostumbrado a criticar en el plano político cualquier desmesura, pero deseoso siempre de sacar punta como pocos a cualquier folletín palaciego. Y la historia de los inquilinos del Elíseo en cuanto a esto último es larga. Muy larga. Que se lo pregunten a Trierweiler, Gayet, Bruni o Bernardette Chirac...

Institucionalizar la figura de la primera dama en Francia, dotándola de un estatuto, con un marco regulado y transparencia tanto en responsabilidades como en presupuesto, fue una de las promesas estrella de Macron durante la campaña, consciente de la popularidad de su cónyuge. Pero a una buena parte de los franceses, en tiempos de recortes presupuestarios, les parece que tener una «first lady» a la francesa no corresponde con el momento que vive el país. Así lo estiman al menos las ya más de 300.000 firmas que lleva recogidas una petición que lleva por título «contra el estatuto de primera dama para Brigitte Macron», que fue lanzada hace dos semanas en el portal change.org por el pintor Thierry Paul Valette. «Con ese estatuto, la primera dama ejercerá su papel como mejor le parezca y se le reconocerá una existencia jurídica que le haga gozar de un presupuesto» remata la petición, que recuerda que el 65% de los franceses están en contra de la institucionalización de este cargo y que ha corrido como la pólvora en las redes sociales, convirtiéndose en el culebrón «chic» de este verano.

Los 400.000 de Trierweiler

Francia no es EE UU en cuanto a primeras damas se refiere. Sobre el papel no está definido el marco de esta figura ni los medios de los que dispone, aunque en la práctica hace tiempo que cuentan con despacho, colaboradores y un servicio propio de protección que depende del presupuesto del propio Elíseo. Una «hipocresía» –así definió este estado el propio presidente Macron– a la que muchos quieren poner fin de una vez. Por ejemplo, antes de entrar en desgracia con el presidente Hollande, su ex Valérie Trierweiler, disponía de un gabinete de nada menos que 400.000 euros en 2013. Pese a la falta de un estatus oficial, numerosas primeras damas francesas han ejercido un papel activo durante la presidencia de sus maridos. Uno de los casos más notables fue el de Cecilia Sarkozy, que, antes de divorciarse del presidente Nicolas Sarkozy, viajó a Libia para mediar en la liberación de cinco enfermeras búlgaras y un médico palestino condenados por infectar con el virus del SIDA a decenas de niños libios.

Durante la campaña presidencial Brigitte Macron nos tenía habituados a pronunciarse sobre su esposo y a acompañarle siempre. De hecho, algunos documentales que muestran el épico éxito del presidente como «Macron, el ascenso al poder» muestran cómo Brigitte lo ayudaba en numerosos discursos y le daba mucho más que lo que un apoyo moral significa. Sin embargo, desde que su marido ganó las elecciones, Brigitte se ha mantenido en un discreto segundo plano a la espera de saber cuál sería finalmente su papel en Francia para empezar a pronunciarse.

visita de incógnito

Aunque casi de incógnito, la primera dama ha realizado dos visitas oficiales cada semana. Macron le había asignado algunas tareas menores como acompañar a la primera dama americana, Melania Trump, durante la visita oficial de Donald Trump a París o recibir a los cantantes Bono y Rihanna cuando estos se entrevistaron con el presidente hace unas semanas, o en un plan nacional sobre el autismo en el que parece que ella quería implicarse personalmente creando una asociación. En un primer momento se hablaba de que la educación y la cultura podrían convertirse igualmente en sus focos de actuación. El diario «Le Figaro» afirmaba esta semana que los planes de Brigitte como primera dama estarían volcados en el apoyo a causas como la deficiencia y varias enfermedades.

«Los franceses eligieron a un hombre, pero ciertamente quien vive en el Elíseo es una pareja», escribía hace poco la revista del corazón «Voici» sobre la popularidad de la esposa del presidente. Sin duda, a través de su mujer, Macron ha podido mostrar un lado agradable, una historia apasionante y atractiva que ha contribuido notablemente a aumentar su popularidad. Tanto es así que, si miramos las portadas de revistas en los últimos meses, no nos equivocamos en aseverar que, querida o no como primera dama, Brigitte Macron es la nueva reina del corazón en Francia. Las publicaciones analizan desde sus colores «fetiche» hasta la evolución de sus peinados.

Para muchos, su figura es la mejor embajadora del estilo «chic francés»: atemporal, sobrio, pero con un punto juvenil. Sin seguir la moda a cada paso, pero con la capacidad de un gran fondo de armario que combina elementos como las solapas extra XL, cortes rectos, complementos metalizados y algún encaje o transparencia en vestidos de noche. Pero si algo han destacado las revistas en estos tres meses de los Macron en El Elíseo, es la capacidad de Brigitte de mantenerse fiel a sí misma, forjada en una buena base cultural, y la empatía que desprende con quien tiene delante. Otra cosa es que algún día llegue a convertirse, de forma oficial, en «première dame».

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