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Los impulsos suicidas de Jackie

  • Jackie, entre Robert y Edward Kennedy, en el adiós a JFK
    Jackie, entre Robert y Edward Kennedy, en el adiós a JFK
Víctor Fernández. 

Tiempo de lectura 4 min.

21 de septiembre de 2014. 20:29h

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Víctor Fernández.  20/9/2014

Comienza a existir tanta bibliografía sobre Jackie Kennedy Onassis como sobre el presidente de Estados Unidos con el que estuvo casada. Eso hace que resulte difícil poder decir algo nuevo sobre el personaje. Se requiere una gran habilidad para poder enfrentarse a una empresa tan compleja. Y en ese sentido, la estadounidense es la persona adecuada para acometer un libro así. A finales de octubre, Leaming publica en Estados Unidos «Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis: The Untold Story», una obra centrada en la vida de Jackie tras el asesinato de John F. Kennedy. El libro es una continuación de «Mrs. Kennedy», donde la autora, gracias sobre todo a material desclasificado recientemente, exploraba sus años como primera dama.

Filtraciones exclusivas

El contenido del ensayo ha empezado a conocerse gracias a algunas filtraciones, así como por una prepublicación que ha realizado la revista «Vanity Fair». De esta manera, se puede saber algo que parece un secreto a voces, como que los meses posteriores al magnicidio de Dallas fueron una pesadilla. El alcohol, sobre todo el vodka, fue uno de los mejores compañeros de la viuda presidencial en aquellas eternas jornadas en las que le resultaba difícil contemplar la imagen de su difunto marido en las portadas de las revistas. Jackie se aísla del mundo, de todos aquellos que formaban parte del equipo con el que se rodeó su marido en la Casa Blanca, salvo algunas excepciones como su cuñado Robert Kennedy, el que fuera secretario de Defensa, Robert McNamara, o el historiador Arthur Schlesinger jr.

Leaming nos descubre también los impulsos suicidas de la viuda de JFK. En este apartado, uno de sus principales apoyos fue el reverendo Richard T. McSorley. Leaming rescata algunas de las confidencias que le hizo al religioso, especialmente sus dudas sobre si merecía la pena seguir viviendo tras el asesinato en Dallas. McSorley anotó todas estas impresiones en un diario, como cuando Jackie le confió que «no sé por qué Dios nos lo quitó. Es tan difícil de creer». Más sorprendente fue cuando al sincerarse con él le interrogó: «¿Cree que Dios me separaría de mi marido si me matara a mí misma?» La desesperación de la joven viuda fue más allá, como el día que sorprendió a McSorley que sus hijos, Caroline y John, estarían mejor sin ella porque «no soy nada buena para ellos. Estoy sangrando por dentro».

Todo eso ocurría mientras debía rememorar los sucesos ocurridos el 22 de noviembre de 1963. Ella y Robert Kennedy habían decidido que el historiador William Manchester escribiera su versión autorizada de todo lo que ocurrió alrededor del magnicidio. Para Jackie fue un proceso demasiado doloroso y que acaba con una escandalosa polémica entre los Kennedy y Manchester. Todo ello le fue comentado a McSorley. Un día, según escribe Leaming, al sacerdote le desconcertó que Jackie se refiriera al suicidio de Marilyn Monroe, ocurrido en agosto de 1962. La actriz, a la que la leyenda urbana ha relacionado con Kennedy, merecía todos los elogios por parte de Jackie por haber decidido acabar ella misma con su vida. «La muerte es grande», dijo para añadir que «me alegré que Marilyn acabara con su miseria».

Tras abandonar para siempre la Casa Blanca en diciembre de 1963, Jackie quiso buscar el anonimato en Nueva York. Pensaba que allí podría vivir fuera de los ecos de la presidencia de su marido e incluso asegurando a sus amigos que no se casaría más. «Mi vida está acabada y aguardaré el resto de lo que me queda esperando que se termine», declaró.

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