Escándalo en las calles

Los llamados «Diggers» llenaron de anarquía y pacifismo las esquinas del San Francisco de los 60 con sus insólitas representaciones. En el magma de psicodelia y libertad, vivir se convirtió en una expresión artística.

  • Con esta marcha por la muerte del dinero, los «Diggers» protestaron contra la mercantilización de la sociedad y la ciudad de San Francisco
    Con esta marcha por la muerte del dinero, los «Diggers» protestaron contra la mercantilización de la sociedad y la ciudad de San Francisco
Pedro Alberto Cruz. 

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26 de julio de 2017. 02:55h

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Pedro Alberto Cruz.  26/7/2017

Cada momento era percibido como una «ocasión espiritual» en aquel «Summer of Love» de 1967. Recuerda el poeta Michael McClure que para los miles de «hippies» que participaron en él «no era necesario tener un pincel en la mano y dejar un artefacto en forma de una pintura o de una escultura. El evento mismo llegó a ser un organismo y un artefacto, y poseía una vida breve». Para ellos, el cuerpo mismo era la base de todo: «Aquellas partes y expresiones del cuerpo que hasta entonces se habían mantenido en secreto, se volvieron públicas –la voz natural, los genitales, y las aspiraciones reales de que la conciencia de la carne se transformara en una esperanza». Vivir era una expresión artística. Y, en este sentido, cuanto sucedía en Haight Street constituía un «teatro vivo». Así lo entendieron miles de turistas provenientes de todo el mundo –desde Europa hasta Japón–, que, cada hora, llenaban los autobuses de la Gray Line para disfrutar del denominado «Hippie Hop», anunciado como un auténtico «safari a través de la psicodelia».

Pero, más allá de este fascinante espectáculo humano generado por las simples dinámicas cotidianas, si hubo una forma de ocupación artística de las calles que singularizó la segunda mitad de los 60, en San Francisco, fue el teatro callejero. Y en el origen de este modo de agitación social se halla la «Mime Troupe», fundada en 1959 por R.G. Davis. En el manifiesto firmado por el propio Davis en 1965, aparecen recogidas todas las claves que distinguirían el «teatro de guerrilla» que, a medio camino entre las artes escénicas al uso y el «happening», incendió las calles del Haight-Ashbury durante los años subsiguientes: fuerte contenido social –con mensajes fundamentalmente anti-belicistas y atinentes a la liberación de la mujer–, radicalismo, carácter satírico, improvisación y un inconfundible carácter carnavalesco. Una soleada tarde de agosto de 1965, la Mime Troupe representó, en un parque de San Francisco, uno de sus espectáculos más célebres: el «Minstrel Show». Tildado por las autoridades como «obsceno, indecente y ofensivo», se le prohibió la puesta en escena de su siguiente función: una versión de «Il Candelaio», de Giordano Bruno, a celebrar en el Lafayette Park. Davis, consciente de la batalla por las libertades y los derechos civiles que se estaba librando, desafió la prohibición y continuó con su plan de subirse al escenario. De este modo, y dirigiéndose ante el público presente, espetó: «Ladieees and Gentlemen, il Troupo di Mimo de San Francisco presenta para su entretenimiento esta tarde... ¡UN ARRESTO!». Y, a renglón seguido, se entregó a la policía.

En 1966 un grupo de integrantes de la Mime Troupe se segregó de la compañía para fundar uno de los colectivos más influyentes ya no solo en el contexto del San Francisco de la época, sino en el mapa entero de los EE.UU: los llamados «Diggers». Tras tomar su nombre de un grupo de campesinos pobres ingleses del siglo XII que promulgaban el libre acceso a la tierra, los «Diggers» se singularizaron en el crisol del «Summer of Love» por su anarquismo pacifista y por la abolición del dinero. El teatro callejero fue su principal forma de expresión, regalando para la historia eventos tan recordados como «The Death of Money Parade», «The Death of Hippie» o «Intersection Game». En este último, los participantes cruzaron las calles del Haight-Ashbury, trazando con sus pasos formas poligonales. La lentitud con la que atravesaban la calzada buscaba colapsar el tráfico y, de esta manera, retrasar todo lo posible la llegada de las hordas de turistas que amenazaban con mercantilizar la forma de vida de los «hippies». El saldo de esta acción fue la detención de varios de los miembros de los «Diggers», entre ellos, Peter Berg, Emmet Grogan o el escultor Roberto La Morticella. En su pretensión de borrar las barreras que separaban el arte de la vida –algo muy propio del «happening» y de su principal practicante, Allan Kaprow–, los «Diggers» supieron incorporar, con más éxito que nadie, la iconoclastia artística al mismo ritmo vital de la comunidad de Haight-Ashbury.

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