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Envidias justificadas

  • El tenista Feliciano López
    El tenista Feliciano López / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

13 de enero de 2018. 20:49h

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Estamos en el momento mas frío del presente invierno. Tan frío que debido a las grandes nevadas a más de uno se le ha atragantado el roscón de Reyes, y eso que era de la confitería La Campana. Precisamente en Sevilla, que ya está fresquera, se anuncia que las mínimas pueden llegar a 1ºC y las máximas a 10ºC para que no falte nada. Todo esto acompañado de fuertes lluvias y su correspondiente aire. No lo dude, en estas situaciones meteorológicas lo mejor es atrincherarse en casa. Dicho y hecho: prendas de abrigo y calefacción alta para que quede tan caliente que parezca la sucursal del infierno en sus buenos tiempos –que ahora en el citado lugar se pasa incluso frío–. Me siento en mi mesa de lectura y antes de meterme a fondo con los periódicos – donde encontraremos alguna chirigota, pero no de las divertidas de Cádiz sino de las imposibles de los dirigentes independentistas catalanes–, me asomo a las siempre gratificantes revistas de la semana y es entonces cuando me sumerjo en la depresión. En la portada de «Diez minutos» aparecen el tenista Feliciano López y su nueva pareja Sandra Gago. No hace falta informarles de que por supuesto es modelo. ¿Cómo aparecen ? Como en pleno julio -que me gusta más que agosto– en una tórrida playa española. Ella es de infarto y el deportista es de la factoría Miguel Ángel, que ya saben que desde siglos hace los mejores torsos masculinos. Toda esta exhibición capaz de hacer crecer en uno la más sarracena de las envidias (esto último es porque el lugar de semejante esparcimiento es en las ardientes arenas de una playa de Dubai). He sacado varias conclusiones de este reportaje en exclusiva. La primera, porque es la que me afecta directamente: el próximo verano no usaré bañador ni en playas ni piscinas. La comparación con el tenista es muy dolorosa. Otra, parece que como la escultural pareja se alojaba no en un hotel de lujo sino en uno de las mil y una noches y además Feliciano era la estrella de un campeonato, las restricciones que sobre bañadores femeninos y los arrumacos de las parejas en la playa no cuenta para ellos.

En una ventanita de la misma portada aparecen también en la playa y en bañador en el cálido Uruguay Chino Darín y Úrsula Corbero, pareja de enamorados bien, decorosos, aunque a mil años luz del tenista y la modelo.

«¡Hola!», en exclusiva, nos ofrece portada y reportaje estrella con la rutilante Esther Doña, con el titular: «La nueva y chic marquesa de Griñón». Ella misma se basta y se sobra para llenar de fotos y comentarios tantas páginas. Hay algunas reflexiones que resultan de mucho interés. Ejemplo: para callar los rumores de algunas esquinas, afirma que firmó un acuerdo prematrimonial para dejar claro, añado que cristalino, que su relación con Carlos Falcó está basada en el amor y nunca en temas materiales. Fíjese marquesa que incluso plasmando en papeles legales que solo el amor estuvo en su firma habrá personas que seguirán pensando que la movió la cuestión material. Y es que hay gente muy mala. Para creer en su buena fe solo hay que escucharla: vivimos en un bello palacio, pero para mí es una casita donde somos felices gracias a nuestro amor. Algo tan considerado como afirmar que no van a tener niños, no por falta de ilusión –debiera haber añadido de pasión, potencia o ganas– más bien porque le parece irresponsable. A partir de ahora la que pudiera pensar que Esther cuando se casó con el marques anidaba en su mente el menor atisbo de interés económico es que no tiene sentimientos ni corazón.

Un apunte final. La portada de «Lecturas» echa por tierra todos los optimistas datos económicos. La prueba es incontestable, a Belén Esteban le bajan el sueldo. Esto es el principio del fin.

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