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Luis Herrero: «En 1977 se pensaba mucho en lo que nos unía y ahora en lo que nos separa»

Presenta una novela en torno a la vida de Carmen Díez de Rivera

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    / Cipriano Pastrano
Pepe Lugo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de octubre de 2017. 21:29h

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Pepe Lugo.  Sevilla. 2/10/2017

«Dejé de pronunciar tu nombre» (La esfera de los libros) retrata el cambio que vivió España desde la muerte de Franco hasta la llegada de la democracia. Un periodo difícil pero apasionante que Carmen Díez de Rivera, la protagonista de esta historia, presenció desde el gabinete del presidente Suárez. Luis Herrero (Castellón de la Plana, 1955) novela la vida atormentada de «La musa de la Transición» para contar cómo el país se cambió de chaqueta.

–¿Por qué Carmen Díez de Rivera?

–En realidad la idea inicial no era escribir una novela sobre Carmen Díez de Rivera sino sobre la Transición, sobre el primer año, ahora que celebramos el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas de junio de 1977. A la hora de darle forma a esa idea se me ocurrió la de poner a Carmen Díez de Rivera como testigo de excepción de aquellos años, además de ser una excusa para meterme en su historia personal que tiene un gran atractivo novelesco.

–Ella puede ser también un símbolo de lo que era España entonces y en lo que se ha convertido en la actualidad.

–En primer lugar España entonces era un país con distintas maneras de ser. Había personas que estaban acomodadas en el franquismo, otras que no querían evolucionar, otras que sí, y una parte importante de la sociedad española había estado fuera del sistema político del régimen. Precisamente lo principal que tuvo la Transición fue buscar un denominador común entre todos ellos y utilizarlo para llegar a la democracia.

–¿Qué sucedió entre julio de 1976 y julio de 1977?

–Pues pasó que España salía de una dictadura que había durado 40 años y que con el impulso del Rey, que acaba de ser coronado en noviembre de 1975, iniciaba la aventura de la democracia. A su lado estaba Adolfo Suárez que era una persona que tenía unas intenciones democráticas, que no todo el mundo creía entonces, pero que eran sinceras, y se puso manos a la obra con muchos de los de dentro y bastantes de los de fuera.

–¿Se hizo muy largo ese año?

–En realidad, se hizo muy corto porque fue un año de noticias trepidantes, de noticias de gran intensidad y con un flujo muy constante. Además, en momentos tremendos de mucha tensión como la matanza de Atocha, el secuestro de Oriol o de Villaescusa y otros muy vibrantes como el suicidio de las Cortes franquistas para aprobar la Ley de la Reforma Política. Era una España muy gris y lóbrega que vivió muchas cosas en muy poco tiempo y cuando eso sucede todo pasa muy rápido.

–¿Qué perspectiva tiene ahora después de todo el tiempo que ha pasado?

–Pues lo veo con el recuerdo de un momento irrepetible. Ahora se habla mucho de si es posible recuperar el espíritu de la Transición, pero yo creo que no porque la España de 1976 no se parece en nada a la España de 2014, empezando por la clase política. En 1977 se pensaba mucho en lo que nos unía y ahora en lo que nos separa.

–¿Hemos cambiado mucho desde entonces?

–Para empezar porque la mayor parte de los ciudadanos no vienen de la guerra, no saben lo que es aquello. Es la primera generación que ha vivido un conflicto armado y España ahora es el resultado de una situación de no conflicto durante décadas que nunca se había producido. Precisamente, el espíritu del cambio político es sentar las bases para un avance social desconocido en nuestro país.

–Y además somos incapaces de ponernos de acuerdo.

–Porque nos hemos desentendido de muchas cosas que quedaron abiertas entonces. Una de ésas fue el problema territorial, el título VIII de la Constitución, que se hizo de una manera imperfecta conscientemente pensando que luego el tiempo nos daría la oportunidad de rematar la faena.

–¿Cómo era Carmen Díez de Rivera?

–Era una mujer nacida en la más alta sociedad española y su aventura comienza en los años 50. Es hija de una marquesa, que además es una de las más emblemáticas de la época, con un tipo de ostentación propio de entonces. Educada con los cánones muy elitistas, como niñeras alemanas, internados en Europa, privilegios económicos, eso conforma una manera de ser y entender la vida. Lo que sucede es que sufre una barbaridad y tiene una existencia muy problemática, lo que la lleva a que una persona que estaba educada para ser de una determinada manera al final termine siendo de otra distinta.

–La figura de Don Juan Carlos también sirve para hacer una novela.

–Ya lo creo, porque además está llena de muchos matices. Hay muchos pliegues en su manera de ser, en su manera de reinar y en su manera de estar en la vida pública. Si le hiciéramos un juicio político de su gestión en aquellos años sería claramente positivo, lo que sucede es que las anécdotas de sus actuaciones personales quedan al juicio de cada uno.

–¿Ella fue la verdadera musa de la Transición o hubo otras?

–Eso se debe al título de una columna de Paco Umbral, con quien tenía una relación muy fluida, Umbral le tenía mucha admiración. Es una manera de referirse a ella, pero es verdad que en aquella época había muy pocas mujeres con cargos de responsabilidad en la vida pública, aunque yo creo que más que de la Transición fue la musa de la reforma.

–En este proceso de intento de desmembración de España, ¿quién cree que sería la musa?

–Pues no creo que hubiera una sola. Creo que el hambre de independencia es muy plural, no es mayoritario pero tiene muchos adeptos de signos ideológicos
a veces contradictorios y de sexos distintos, por lo que en este
momento más que una musa habría muchas musas y muchos «musos».

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