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La dieta valenciana, solución al hambre en el mundo

Una estudiante de la UPV ha sido seleccionada para participar en Bruselas en un debate sobre el asunto

  • La estudiante valenciana Carla Rebollós, cursa cuarto de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia
    La estudiante valenciana Carla Rebollós, cursa cuarto de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia / La Razón
Ana G. Andrés.  Valencia.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2017. 20:28h

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Ana G. Andrés.  Valencia. 11/10/2017

Frutas, verduras, carne, pescado, legumbres y frutos secos. Son la base de la dieta mediterránea, considerada una de las más completas y sanas del mundo, pero imposible de seguir en algunas zonas del planeta debido a su situación geográfica. Este pensamiento fue el que llevó a Carla Espinós, una estudiante de Biotecnología de 20 años, a presentar su propuesta al Youth Ag-Summit (YAS), un encuentro que se celebra estos días, entre el 9 y el 13 de octubre en Bruselas y que tiene como lema este año «Alimentar a un planeta hambriento».

El debate, organizado por Bayer, pretende abordar los objetivos de sostenibilidad de las Naciones Unidas y escuchar para ello a los más jóvenes, los que en definitiva han de labrar ese futuro.

La propuesta de Carla, basada en la acuicultura multitrófica integrada, plantea como solución al imparable aumento de población mundial y la carencia de recursos, que en los países y regiones de interior, que no disponen de mar ni río, se instalaran unas balsas que se llenarían con el agua subterránea de esos mismos territorios, en las que se podrían críar algunas especies de peces. Así, no solamente podrían disponer de alimento extra, sino que obtendrían además un tipo de proteína del que carecen, puesto que en estas zonas únicamente comen carne.

Pero es que además, en la parte superior, crecerían una plantas que normalmente serían algas, aunque se puede modificar por otras plantas y verduras, que podrían crecer sobre unas plataformas flotantes en la misma balsa donde vivirían los peces por abajo. Los desechos de los peces servirían como sustrato mineral para las raíces de las plantas que los absorberían, por lo que no haría falta regar ni fertilizar.

A su vez, el agua que saldría desechada de esas balsas cuando ya no fuera apta para la fisiología del animal, no sería eliminada sino que se traspasaría a los campos. Unos cultivos que serían preferiblemente de cítricos, como naranja, limón o mandarina, porque son fuertes y proveen de vitamina C y ácido cítrico que protegería a estas poblaciones de muchas enfermedades.

En la propuesta de Carla, las peladuras y los desechos de estas verduras y frutas podrían servir también como alimento para los peces y para la propia ganadería que ellos tienen instaurada. Además, el agua subterránea extraída para las balsas, podría servir asimismo para abastecer de agua limpia a clínicas médicas, así como a la propia población y animales de pasto, puesto que en estos países el agua suele transmitir muchas enfermedades.

En el caso de que no haya agua subterránea, la idea de esta estudiante valenciana sería recolectar el agua de lluvia, que se desinfectaría en unas balsas especiales simplemente utilizando la luz solar. «Es una propuesta un poco global y ambiciosa que intenta comprometerse con el medio ambiente, la población local y, a su vez, con unos costes de desarrollo más que aceptables y factibles», cuenta Carla unos días antes de viajar a Bruselas.

Está emocionada e ilusionada. Cuando el año pasado decidió presentar su idea no esperaba ser seleccionada entre nada menos que 1.187 personas de 95 países distintos. Su motivación surgió estando de Erasmus en Estocolmo. Allí, precisamente donde se entregan los prestigiosos Premios Nobel, se celebraba la Nobel Week Dialogue, que versaba sobre el futuro de la alimentación.

Carla asistió a estos coloquios y, casualmente vio la convocatoria del YAS. «Me pareció un tema muy interesante así que decidí presentarme». Uno de los requisitos para presentar la propuesta era que estuviera basada en algo propio de tu ciudad. «Una de las cosas de las que me siento más orgullosa de Valencia es nuestra dieta. Además, tenemos otros sectores que funcionan, pero nunca hemos dejado de lado la agricultura».

Con respecto a su futuro profesional en esta ciudad en la que tanto quiere, asegura que le encantaría poder trabajar «de lo suyo» aquí, «a quien no», y poder devolverle a las instituciones que tanto han invertido en ella parte de ese esfuerzo. «Cuando la gente se va no es por voluntad propia, es por obligación». Si no tiene más remedio se irá, a un país en el que sea «medianamente feliz» y pueda trabajar como científica. Ojalá Carla no tenga que irse. Será señal de que la ciencia en la Comunitat Valenciana ya emplea a todos sus miembros.

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