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“Los mayores estamos en el epílogo, aún nos queda tiempo y puede ser bueno”

Jerónimo Gallego, de 94 años, residente de un centro asistencial de Valladolid, pone el foco en paliar la soledad en la vejez y en fomentar las ilusiones para mantenerse activo

  • Jerónimo Gallego, residente de un centro asistencial de Valladolid
    Jerónimo Gallego, residente de un centro asistencial de Valladolid
Valladolid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de octubre de 2019. 10:01h

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L. Magdaleno.  Valladolid. 15/10/2019

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Lo ha hecho todo en la vida. Compaginó el ejercicio de la abogacía con el periodismo entre 1936 y 1950 y fue Delegado del Gobierno en la Confederación Hidrográfica del Duero. Dedicó especial atención a la puesta en marcha de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, cuya secretaría ocupó durante seis años, siendo otros cuatro presidente. Hace 18 años el Consejo General de Abogados españoles le concedió la Medalla al Mérito en el Servicio de la Abogacía y dos años más tarde, en 2003, el Ministerio de Justicia le condecoró con la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

Sin embargo, la muerte de su esposa hizo que su mundo se viniera abajo, como él mismo reconoce a LA RAZÓN. Tras este trágico suceso, sus hijos buscaron la manera de tenerle atendido de la mejor manera posible, lo que en un principio pasó por la ayuda a domicilio en las tareas domésticas. Al cabo de un tiempo, y tras buscar por toda la ciudad de Valladolid, optaron por la residencia Patio de los Palacios, situada en el centro de la capital.

“Llegué en un estado muy malo. Me había dejado caer, había perdido la motivación y no podía ni caminar”, reconoce. Sin embargo, un día, mientras se encontraba en el jardín exterior del recinto, decidió ir andando hasta el otro extremo. Así, paso a paso y con empeño cada día conseguía coger más confianza. “También gané en masa muscular”, asegura. Por ello, un día decidió arriesgarse y caminar hasta una popular churrería donde, tras su triunfo, se comió “once churros” entre la alegría propia y la de su familia.

Con su ejemplo por bandera, pone en el foco el fomento de las ilusiones personales para mantenerse activo y hacer de los últimos años una etapa feliz y plena. “Estamos en el epílogo de la vida, no hemos llegado al final, aún nos queda tiempo y puede ser bueno”, asevera.

Clece

Tanto es así, que a los 85 años publicó su primera novela Abogado defensor, seguida de la recientemente presentada “Consejo de Guerra en tiempo de Paz” a la que seguirá, “si me da tiempo”, apunta, su obra definitiva “Dimas, desde la eternidad”.

Su animada conversación, sin embargo, le lleva a mostrar su preocupación por aquellas personas mayores que pasan sus últimos días solos. “Es algo que no debería pasar en ningún caso y que desde la sociedad y las administraciones se debe prever para ponerle solución”, señala. “Los mayores, los viejos, lo hemos dado todo, muchos también tienen a su cargo a hijos y nietos demostrando una enorme generosidad que tiene que ser correspondida”, añade.

También le inquieta el envejecimiento de la población, el descenso de las cotizaciones y “la falta de previsión”. Por eso, señala que una de las soluciones pasa por la empresa privada y residencias como en la que vive, de la que entra y sale a su antojo para poder continuar con su vida pero en donde cuenta con todo lo que necesita para seguir desarrollando sus proyectos y en cuya habitación ha instalado un pequeño estudio para continuar con la escritura y tener a mano sus archivos.

Todo ello, desde un enfoque tan realista como contagioso, gracias al cual valora todas las experiencias y manda un aviso urgente a todos, y muy especialmente a los que se encuentran en “esta última etapa”: “Es conveniente, es necesario, es imprescindible llenar el tiempo de ilusión, no abandonarse al adormecimiento, no renunciar a seguir caminando todos los senderos que conducen a la mejoría, apasionarnos por todo lo que atrae nuestra atención”.

“Debemos ver el mañana con alegría porque será otra jornada en la que disfrutar, abrazar a nuestra gente, hacer cosas en una época en la que el calendario y los bisnietos te dicen que la gente podría verte como un viejo, pero rebosante de ilusión”, concluye.

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