Crisis política en Italia

El órdago de Renzi

El órdago de Renzi
El órdago de Renzilarazon

En apenas un mes, los italianos están convocados a un referéndum para ratificar la reforma del Senado impulsada por Matteo Renzi para acabar con el bicameralismo perfecto consagrado en la Constitución de 1946. Los cambios dibujan una Cámara Alta reducida y con menos competencias legislativas que contribuirá a la estabilidad política del país transalpino. Una de las iniciativas con las que el joven primer ministro prometió transformar Italia tras llegar al poder en febrero de 2014.

Osado e hiperactividad, Renzi, que como sus antecesores Mario Monti y Enrico Letta, llegó al poder sin pasar por las urnas, ha querido hacer de la consulta del 4 de diciembre una especie de referéndum sobre su gestión y su permanencia en el Palacio Chigi. Sin embargo, ante el temor de recibir un varapalo en las urnas, ya no amenaza con presentar su dimisión.

Lo cierto es que lo que a priori parecía una oportunidad para ensalzar el liderazgo de este florentino que quiere sacar a Italia del letargo y el inmovilismo en el que ha permanecido durante veinte años amenaza con ser un nuevo dolor de cabeza para Europa. Lo sondeos apuntan a un sonoro rechazo de la reforma constitucional, especialmente entre los votantes del sur de Italia, que temen que la nueva Cámara de las Regiones les robe autonomía. Da la impresión de que Renzi ha pecado de exceso de confianza y ha caído en el error de convocar un referéndum innecesario sin tener en cuenta la contrastada mala experiencia de Europa en estas aventuras de la democracia directa. Sabido es que el Gobierno pregunta una cosa y el electorado contesta otra bien distinta, generalmente para castigar a sus dirigentes. Sólo hay que mirar la pesadilla del Brexit en Reino Unido.

A favor del “no” se sitúa una heterogénea coalición que va desde la Forza Italia del octogenario Silvio Berlusconi, el populista Movimiento 5 Estrellas, la xenófoba Liga Norte hasta un sector del Partido Democrático (PD) crítico con la política centrista de Renzi. Y es que la vieja guardia del PD, con Pier Luigi Bersani y Massimo D'Alema a la cabeza, no perdona al nuevo líder que pactara sin contar con ellos la ley electoral (Italicum) con Berlusconi o impusiera una reforma laboral (Job Act) en contra de los sindicatos mayoritarios.

Ante los malos augurios, Renzi se ha lanzado a una campaña por todo el país para explicar a los electores las bondades de una reforma que reduce el número de senadores de 320 a cien y les arrebata el poder de investir al primer ministro. En este contexto debe enmarcarse su visita a la Casa Blanca y los cumplidos que le obsequió el presidente Barack Obama, que incluso le ofreció la última cena de Estado de su mandato presidencial. Todo lo que sea necesario para destacar los éxitos interno de un líder italiano que ha puesto en marcha las políticas que ni derecha ni izquierda se han atrevido a aplicar durante décadas.

El activismo de Renzi ha logrado que el país transalpino deje de ser visto como el enfermo de Europa y empiece a crecer su economía después de años de encefalograma plano. Las reformas electoral, laboral, senatorial y educativa son los méritos que quiere esgrimir el líder socialdemócrata frente a los italianos para completar esta legislatura y optar a un segundo mandato en 2018. Sin rivales de peso en frente, muchos ya advierten contra el excesivo poder que concentra el nuevo emperador.