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Cerrazón pasajera

Tiempo de lectura 2 min.

18 de julio de 2016. 04:35h

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Sorprende que haya consenso en demonizar unas terceras elecciones entre las fuerzas con capacidad para facilitar un gobierno del Partido Popular. En efecto, se trataría de un escenario suicida, inaudito, rocambolesco, decadente, espantoso. A todos los efectos. Pero sorprende porque Ciudadanos no está haciendo todo lo posible (un paso es un paso, eso sí) para evitarlo. Y porque el PSOE no está haciendo nada (y es la pieza clave) para cortocircuitar una nueva y burlona llamada a las urnas.

Si como proclaman el segundo y el cuarto partido más votados estamos en la hora de la verdad, si es el tiempo de la responsabilidad, si hay que poner en marcha el país cuanto antes, ciertas actitudes con tufillo de postureo en absoluto se entienden. Por ejemplo, que desde el entorno de Rivera se sostenga la matraca de que con Rajoy sólo es posible la neutralidad, pero que con otro candidato tal vez hubiera un apoyo explícito. Por ejemplo, que las huestes de Sánchez (con una contienda civil momentáneamente soterrada) insistan en que el rechazo en la eventual segunda investidura del hoy presidente en funciones es innegociable.

Lo lamentable aquí es que en menor caso el partido naranja y en mayor el rojo se entreguen a caricaturizar por su presunta pachorra a un líder que les ha entregado un programa para discutir, avanzar, consensuar. Y hacerlo en cuestiones dolorosas para el centro derecha y para quien debe gestionar una victoria rotunda, holgada.

Por el interés general de España y los españoles, sería un ejercicio útil y generoso que los derrotados cediesen en sus posiciones. Si es hoy, mejor que mañana. Hay hambre de gobierno y de legislatura. Y cansancio por tanta cerrazón, incluso aunque sea pasajera.

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