Inflación

Cuando llegue la inflación, será tarde

La Razón
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El presidente del BCE, Mario Draghi, ha manifestado su intención de mantener inalterado el actual rumbo ultraexpansivo de su política monetaria mientras la inflación no remonte hasta una crecimiento medio del 2% anual. El BCE posee el mandato de conseguir la estabilidad de precios, entendiendo por tal hito una inflación media del 2% anual. De acuerdo con la (forzada) interpretación que efectúa Draghi de los estatutos del BCE, la política monetaria ha de ser contractiva cuando el nivel de precios crezca anualmente más de un 2% y ha de ser expansiva cuando crezca menos del 2% anual. El problema de este enfoque monetario es que es el mismo que nos arrastró a la crisis actual: entre 2001 y 2007, los bancos centrales de medio mundo mantuvieron sus tipos de interés artificialmente rebajados con el pretexto de que el IPC apenas se estaba incrementando. Sin embargo, a la hora de evaluar la estabilidad macrofinanciera de una economía, lo que debería importarnos no es si el IPC aumenta, se reduce o se mantiene estable, sino si se está produciendo un proceso de acumulación de deuda dentro del conjunto de esa economía. De momento, no parece que estamos ante semejante coyuntura fatal en la mayor parte de Europa: en el caso específico de España, por ejemplo, familias y empresas continúan desendeudándose en lugar de volviendo a endeudarse de manera peligrosamente insostenible. Ahora bien, la exagerada laxitud del BCE sí corre el riesgo de sembrar las semillas de esta insostenible acumulación futura de deuda: cuanto más tarde cierre el grifo del crédito barato, más complicado le será retirar toda el agua que haya rezumado. El momento de poner fin a los extraordinarios manguerazos de liquidez es ahora: no cuando llegue la inflación y ya sea demasiado tarde para contener otro colapso financiero.