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En Alsasua

Tiempo de lectura 4 min.

17 de octubre de 2016. 21:51h

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Alfonso Ussía 17/10/2016

Los naturales de Alsasua se dicen alsasuanos. En vascuence, la villa honrada por Alfonso XII tiene como nombre «Altsasu», que es un alarde de originalidad. Una «t» que se cuela y una «a» que se esconde. Los alsasuanos son navarros, pero los violentos quieren ser vascos, los muy caprichosos. En Alsasua libraron dura batalla en la Guerra Carlista las tropas del general liberal y realista Quesada y las del general carlista Zumalacárregui, pero fue una batalla de igual a igual, de ideal contra ideal, y con las fuerzas muy equilibradas. Por lo demás, Alsasua no tiene mucha más historia, ni falta que le hace. En mis años infantiles y juveniles pasé en numerosas ocasiones por Alsasua, ya en las cercanías del puerto de Echegárate, en cuyo descenso hacia el lecho guipuzcoano los Oyarbide establecieron su primer restaurante «Príncipe de Viana». Lo cierto es que el mucho pasar por determinados lugares no obliga a la memoria a archivar sus perfiles y paisajes. Creo recordar que desde la carretera se veía la aguja gótica de una iglesia. Ahí se acaban mis recuerdos transeúntes. A pocos kilómetros de Alsasua, en Salvatierra de Álava, fue asesinado el general Azcárraga por la ETA. Había asistido a la Misa dominical, y de vuelta a su casa le rompieron la nuca de un disparo a bocajarro, y como siempre, por la espalda. Los terroristas de la ETA no se parecen en nada a los generales Quesada y Zumalacárregui, sean de Alsasua, de Salvatierra, de Hernani o de Ermua.

Entre los alsasuanos, al menos hay cincuenta cobardes. Dos guardias civiles con sus mujeres fueron rodeados por ese medio centenar de gallinas estercoleras y recibieron una monumental paliza. También las mujeres fueron golpeadas. Cincuenta contra cuatro, por gallinas que sean los cincuenta, siempre ganan. Se trata de cincuenta terroristas callejeros, de cincuenta consecuencias del odio y la barbarie, cuando no de la incultura y la desinformación. La Guardia Civil fue insultada y vejada por el Ayuntamiento de esa localidad navarra que no se ancla en la memoria, y ahora del insulto y la vejación se ha pasado a la agresión cobarde, al linchamiento. Lo indignante del suceso es que después de golpear a los guardias civiles, en Alsasua se muestran orgullosos de ello. Y justifican la brutal agresión. Y aprovechan la justificación para seguir con los insultos, las amenazas y las advertencias. Entiendo que deseen dejar de ser navarros. Los navarros jamás han sido cobardes, ni viles, ni traicioneros. Dan la cara. Pero también la infección del terrorismo etarra en su nueva versión institucional, ha hecho estragos entre los navarros. Prueba de ello es la presidenta de la Comunidad Foral y el alcalde de Pamplona, a los que animo desde aquí a expresar su indignación por el vandalismo de esos cincuenta alsasuanos cobardes.

Como nos hallamos con un Gobierno en funciones, la reacción ha sido de debilidad en funciones. Según he leído, dos gallinas han estado en prisión, pero quedan cuarenta y ocho cacareantes sueltas. Es de esperar que sean detenidas en funciones, y puestas en funciones a disposición judicial, que en esto del terrorismo, algunos jueces están también en funciones desde hace muchos años. La Guardia Civil representa la ley y el orden, y somos millones los españoles que, golpeados en los cuerpos de los dos agentes linchados y de sus mujeres, exigimos una respuesta policial y judicial inmediata. No inmediata en funciones, sino inmediata porque sí, literalmente.

Quedan sueltas cuarenta y ocho gallinas. En Alsasua se sabe quiénes son. Y la Guardia Civil no se va a dejar engañar. Todos ante la ley. Las pistas se siguen por la presencia de excrementillos. A por ellos.

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